Un salto cualitativo inesperado
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No han pasado ni dos meses desde el inicio del Campeonato del Mundo y no termino de creerme lo que está ocurriendo. A menudo me tengo que frotar los ojos para asimilar los éxitos de Fernando Alonso y, sobre todo, el fenómeno social y mediático que han provocado. No es que no confiara en las posibilidades del asturiano (sólo hay que recuperar el seguimiento de su pretemporada en estas mismas páginas para refrescar las buenas vibraciones que despertaba), pero mentiría si afirmara aquello de "ya lo sabía yo". Porque el salto, tanto como cuantitativo, es cualitativo. Hemos empezado a contar las carreras del Renault número 5 casi por victorias, pero es que, además, de repente nos encontramos hablando (que no ya soñando) ¡del título mundial!
Ya tenemos la tentación de comenzar a hacer cuentas, a calcular las posibilidades de Fernando en cada circuito, de atisbar cómo se puede ir incrementando su ventaja respecto a sus rivales, de saber quiénes le inquietarán... En resumen que hemos pasado de la esperanza a la realidad sin apenas darnos cuenta. Lo mejor del caso es que tanta euforia no resulta en absoluta descabellada. Los resultados y los puntos que reportan hablan con toda elocuencia de que la candidatura del español es, a día de hoy, más firme que la del mismísimo campeón. Schumacher, paradojas de las carreras, ahora tiene que reconquistar su condición de favorito (pese a su exhibición del domingo) y recuperarles nada menos que 26 puntos a un piloto y un coche que están en racha. Claro que no es imposible, pero desde luego tampoco fácil. Y eso nos anima...




