Un Gaddafi por otro en Libia
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Al Saadi Gaddafi (31 años) ha dejado de ser el mandamás del fútbol libio, donde atesoraba el puesto de jugador y presidente de la Federación. Oficialmente ha dimitido para dedicarse a otras actividades empresariales, pero todo apunta como causa a los incidentes provocados por los hinchas libios en el partido jugado en El Cairo ante Egipto. Al Saadi le dijo a su padre, el coronel Muammar, que se iba, pero que había que echar a todo el mundo incluidos los jugadores. El padre le tomó la palabra y ha puesto al frente del deporte libio a su hermano Mohammed, una persona más tranquila y menos mediática que Al Saadi, pero que ya ha tomado cartas en el asunto. Y no le ha hecho caso al hermano. Ha confirmado en el puesto al seleccionador El Khenissy y ha transmitido serenidad a los jugadores. En los puestos de la Federación ha cambiado a las personas clave y no apuesta por "colaboraciones externas con Italia", como su hermano. Ahora quiere depender más del producto nacional.
La importancia de los Gaddafi en Libia es tal que mientras se resolvía el lío ha estado parada durante tres semanas la competición liguera. Lo más curioso de todo es que Al Saadi, que sigue perteneciendo al club italiano Perugia, y como futbolista, le ha dicho al seleccionador que no le convoque para la selección de cara a los próximos partidos, algo que huele cuanto menos a chamusquina. Grupos de la oposición libia en el exilio han llegado a publicar panfletos con el siguiente titular: "Desde ahora es cuando el fútbol libio está salvado". A falta de cuatro partidos en su liguilla africana, Libia está sin opciones de acudir tanto al Mundial como a la Copa de África de Naciones 2006.



