Los dos han salido ganando
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No voy a darle más vueltas a la polémica de Jerez, entre otras cosas porque ya estamos en puertas de un nuevo gran premio que se presenta tan apasionante como el anterior. Lo que cada día tengo más claro es que para Sete y Rossi, para el motociclismo, para los organizadores de carreras, para los patrocinadores, para las marcas de motos y para la prensa, el final de carrera del GP de España ha sido lo mejor que podía ocurrir... pese a que no haya ganado el nuestro. Durante toda esta semana, desde el camarero del bar al taxista, del conserje de mi edificio al vendedor de periódicos, todos sin excepción me han preguntado, opinado o polemizado sobre lo que ocurrió en esa última curva de la pista gaditana. ¡Cuánta emoción, qué espectáculo¡ No me extraña que los promotores del Mundial y las cadenas de televisión se estén frotando las manos...
El pasado domingo no hubo tragedias ni víctimas, ni violencia o malintención (creo) por parte de los protagonistas de un duelo noble entre ganadores. Por tanto, lo que nos ofrecieron a todos fue una muestra de la grandeza del deporte llevado hasta las últimas consecuencias, la lucha noble pero despiadada por un triunfo que tiene muchos pretendientes y un solo propietario. Así, desdramatizando tanto como corresponde en estas circunstancias (y ojalá Sete se recupere de inmediato de su hombro), lo que hicieron Gibernau y Rossi fue elevar a la categoría de gesta una simple carrera de motos... con todo lo que ello representa. Insisto, con el juego limpio como bandera, cuanto represente espectáculo, emoción y épica en el motociclismo es una garantía de que la competición no sólo está viva, sino que acrecenta su grandeza.




