Todos los ombligos son redondos
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La Selección gana el Mundial en Túnez, contra todo pronóstico, y los programadores de TVE aún se dan golpes de pecho porque no ofrecieron la exhibición de la final ante Croacia por el primer canal. Los equipos españoles triunfan en las competiciones europeas para ratificar que los éxitos de España tienen su prolongación en los equipos de club, y que se fichan al lado de los nacionales a las mejores figuras internacionales compitiendo en originalidad con la millonaria Bundesliga alemana. Y, además, la propia competición doméstica ha elevando su nivel, sobre todo por la parte baja de la tabla (Valencia al margen), hasta el punto de ofrecernos un final de temporada espectacular por arriba, porque el Portland aún tiene que pelear, y agónico por abajo, porque ni con 18 puntos se tiene asegurada la permanencia en esta temporada.
Uun mundo feliz. Lo tenemos prácticamente todo. Espectáculo, calidad y emoción. ¡Qué bien lo hacemos! Y, sin embargo, los aficionados no acaban de llenar los pabellones salvo en las cuatro pistas importantes (León, Ciudad Real, Valladolid y Pamplona), y el Valladolid no se atrave de pasar de su bombonera limitada del Huerta del Rey a la macrosala del Pisuerga, y el Cantabria, y el Granollers, y el Bidasoa, tres históricos, malviven con mil aficionados seguros por encuentro, y... ¿Qué ocurre? ¿Por qué no hay largas colas en las taquillas ? Es un problema que viene de largo, porque los directivos siguen mirándo y sin descubrir que los ombligos son redondos, y que no hay que ser un lince (especie en peligro de extinción, por cierto) para reconocer que con tanta oferta de ocio es necesario mirar lo que hay fuera para no rezagarse.




