Fenómeno mediático imparable
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Alonso está de uñas con un sector de la Prensa. El asturiano considera que más allá de su trabajo, de su actividad deportiva, su intimidad merece el más absoluto de los respetos y que los medios deben apartarse de su entorno: su familia, su casa, sus amigos... Y tiene, sin duda, toda la razón. Lo que sucede es que Fernando y quienes le asesoran en estos asuntos deben aprender a digerir un fenómeno que se le podría escapar de las manos a cualquiera. Entre otras cosas, porque nunca antes en España nos habíamos enfrentado a un prodigio de tal magnitud. Seguro que hemos tenido deportistas tan grandes, o quizá más de momento, que el asturiano, pero ninguno condicionado por una especialidad tan global como la Fórmula 1.
Fernando debe encontrar el difícil equilibrio entre satisfacer sus compromisos (que son los de su marca, sus patrocinadores y la admiración de sus seguidores) con ese anonimato que añora pero que ya nunca tendrá. Porque cuando a uno le ven cada domingo millones de personas por la tele, no se puede pretender ser un ciudadano más y obviar el enorme interés que despiertan sus éxitos. Claro que puede y merece la máxima consideración, porque él no pertenece a esos especímenes que alimentan la prensa rosa a base de contar pamplinas. Otra cosa es que deberá tolerar la presión mediática más de lo que seguramente desearía, pero es el tributo de la gloria, de la grandeza...




