Yo digo Raúl Romojaro

Un negocio de carácter planetario

Raúl Romojaro
Redacción de AS
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Las cifras que revela 'F-1 Racing' dan forma a una evidencia que, por sobradamente conocida, no deja de impresionarnos. La Fórmula 1 es el no va más, la cumbre, la referencia no sólo entre las disciplinas del motor sino quizá en el mundo del deporte en general. Y es así por la cualidad planetaria de su filosofía, tanto de la propia competición como de los recursos que la sustentan. Un repaso rápido nos permite refrendarlo. Las marcas gigantes alemanas BMW y Mercedes frente al orgullo italiano del Grupo Fiat (Ferrari), el poder emergente de los japoneses de Toyota y Honda o la tradición francesa en el sector de Renault. Por no hablar de los patrocinadores: multinacionales del tabaco como Marlboro o West, compañías de telecomunicaciones (Vodafone o Telefónica), o hasta la bebida que da alas, Red Bull, que se ha comprado su propio equipo...

Esta magnitud significa que aquí no hay medias tintas: se está o no se está. La inversión más insignificante en el apartado menos trascendental tiene tintes multimillonarios, porque cada detalle se cuida con esmero. La clave del éxito, o la razón del fracaso, puede esconderse en el lugar más inesperado y de ahí que haya que gastar cuanto sea necesario para evitar sorpresas. Desde la investigación y desarrollo a los entrenamientos invernales, pasando por la contratación de personal más cualificado, las pruebas aerodinámicas, los desplazamientos y, por supuesto, la elección de pilotos. Todo esto debe servirnos para valorar en su justa medida el momento histórico del que disfrutamos. Reinando en este negocio, en su cenit, está un español, un asturiano, que nos hace soñar con verle instalado definitivamente en la condición de grande entre los grandes.

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