¿Francia? 'PauvreFrance'...

Espero sinceramente que la Selección española venza hoy en Belgrado y dentro de poco se clasifique para la fase final del Mundial alemán. Por lo menos tendré un equipo al que apoyar. "¿Y Francia? ¿Y tu querida Francia?", me preguntarán los que conocen mi corazón tricolor. "Pauvre France" ("pobre Francia") tengo que contestar con una tristeza que no es demasiado consecuente con mi optimismo natural. Pero esta vez, no me cabe otra, tengo que ser realista. Existe una probabilidad muy elevada de que los Bleus no obtengan plaza en la Copa del Mundo 2006. Con este nuevo empate a cero en casa (esta vez contra Suiza), la victoria en Israel hoy es obligatoria. Y el miedo empieza a apoderarse del equipo.
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Parece que hemos vuelto a estos remotos tiempos de los que ya nadie quiere acordarse, antes de la gloria del título mundial del 98; cuando nuestra selección no era capaz de asegurarnos nada; cuando sólo eramos unos outsiders más al principio de las grandes competiciones y nunca los merecidos favoritos. Es más, la bleu ni siquiera acudió al Mundial del 94 en Estados Unidos. Fue un terrible fracaso que convulsionó el fútbol de mi país. Pero después de haber dominado con clase el futbol mundial, de haber aprendido a ganar, de haber paseado con orgullo la bandera de Zinedine Zidane, perderse la cita alemana sería un verdadero desastre.
Por eso hay que señalar ya el culpable de esta vuelta al pasado. Se llama Raymond Domenech y es el seleccionador de esta Francia que no arranca. Este señor, cuyo ego es más grande que la mismísima Torre Eiffel, se cargó a la Generación del 98 con una indigna estrategia y, lo que es peor, sin proponer nada excitante a cambio. Y, por supuesto, es incapaz de reconocer cualquiera de los muchos errores que ha cometido desde que accedió a su cargo. Cada vez más me recuerda más a Javier Clemente en su etapa de seleccionador. Eso lo dice todo.



