Yo digo Juanma Trueba

Robinho: hoguera de vanidades

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Algo falla en la Operación Robinho. Lo que parecía un fichaje a falta de anuncio público se ha enredado de manera extraña y son muchos los que se entrometen, desde misteriosos grupos de inversión a agentes insaciables, si es que ambas cosas no son lo mismo. A la confusión también contribuyen las declaraciones de Pelé, mito del fútbol que ha terminado por convertirse en pelota a conveniencia, siempre atento a lo que quiere escuchar el auditorio de turno. Curioso que O'Rei haya devenido en pelota y Maradona se esté transformando en balón. El caso es que Florentino no ha mostrado en los últimos fichajes (o en su intento: Carvalho, Seitaridis, Vieira, Alonso...Etoo) la misma eficacia implacable de la que hizo gala en la contratación de Figo, muchísimo más complicada que cualquier otra. Tal vez, en el caso de Robinho, no estaba plenamente convencido de la condición galáctica del muchacho, algo que ya ha descubierto el mundo entero.

Los 18 millones en los que se acordó el traspaso al Madrid y el sueldo anual de dos millones de euros brutos para el joven crack se antojan ahora cifras ridículas, de auténtica ganga, recuerdo que cinco meses antes Samuel costó 25 millones y Woodgate 24. Al Madrid le faltó materializar esa difusa opción de compra en un pacto firme e inviolable. Imagino que hay muchas formas de hacer que se cumpla la palabra dada (vuelvo a Figo). Quizá, con más dinero, se podría haber forzado para que el futbolista hubiera venido al Madrid en enero, lo que hubiera significado una inyección de ilusión para el equipo y la grada. Elano, otra de las figuras del Santos, se fue al Shaktar ucranio en el mercado de invierno. No hay talón que no valga una Libertadores.

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