Showtime
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No les pregunten quién es Michael Schumacher. Y, mucho menos aún, Fernando Alonso. La gran mayoría, con seguridad, se encogería de hombros. Pero ahí están, sentados a cientos de miles en Daytona para disfrutar de la semana grande del automovilismo deportivo en Estados Unidos. Así son ellos, raritos y cortos de miras con todo lo que no destile aroma Made in USA. Pero disfrutan como pocos de las carreras de coches, sus carreras de coches, a años luz en tecnología de las que nosotros conocemos pero muy superiores en su concepción de espectáculo deportivo.
Son los reyes de la diversión y el entretenimiento... y, no nos engañemos, al final es de lo que se trata. Quizá sólo unos cuantos de esos aficionados que abarrotan las gradas sepan valorar en su justa medida la magnitud de las gestas de estos pilotos... y ni falta que les hace, porque lo único que pretenden es pasárselo en grande. Y así los circuitos, los coches, los reglamentos y hasta los pilotos son fieles a esa concepción del showtime, del tiempo para el espectáculo. El tedio, el aburrimiento, es el peor enemigo del deporte y no siempre somos conscientes de ello.




