El resultado del trabajo bien hecho
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Recuerdo aquella tarde en Jerez con una claridad sorprendente, aunque haya pasado tanto tiempo desde el GP de España de 1992. En la sala de prensa del trazado gaditano, una empresa española que se llamaba Dorna presentaba a los periodistas especializados de medio mundo su proyecto de gestión de los grandes premios de motociclismo. Y su ilusión encontró una virulenta respuesta en forma de hostilidad por parte de italianos, franceses, británicos o alemanes... Sólo porque eran, éramos, españoles. Un prejuicio, tampoco lo olvidaré jamás, que me indignó, no tanto por una cuestión de patriotismo como de simple injusticia...
Por suerte, el tiempo da y quita razones. Ahora, casi tres lustros después, aquellos críticos pusilánimes se han rendido a la evidencia de que la compañía que dirige Carmelo Ezpeleta (sí, esa de los españolitos) no sólo ha sido capaz de afrontar el desafío, sino que además ha llevado al Campeonato del Mundo a su época dorada desde que comenzará en 1949. Nunca antes las motos habían tenido tan lustre deportivo, tanto seguimiento de aficionados y medios, tanto interés para los patrocinadores y tanto futuro como hoy. Y, se lo puedo asegurar, esa bonanza no es fruto de la casualidad o del progreso imparable de la sociedad. Es el fruto de un trabajo bien hecho.




