Galácticos y escuderos
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Lino se convirtió en nuestro saltador de referencia desde que el verano pasado subió al podio en los Juegos. Ahora sale Blanquer y dice que Lamela es mejor que el cubano nacionalizado español. De ello no cabe ninguna duda, solo que le falta demostrarlo más a menudo. El salto de longitud es una prueba muy dada a la irregularidad. Cuando sobra velocidad, falta potencia; cuando se gana potencia es a costa de perder velocidad; cuando se encuentra el equilibrio entre potencia y velocidad, falta mejorar la técnica; cuando se encuentra la excelencia no hay que lesionarse, ni tener problemas de concentración ni de motivación. En fin, muy complicado resulta todo como para mantener una regularidad a alto nivel.
Por eso desde que Blanquer saltara por primera vez más de 8,00 metros (1976), nos queda la impresión de que nuestros mejores saltadores hicieron una vez el gran salto de su vida y punto: Corgos, 8,23; Fernández, 8,26; Lino, 8,32; Lamela, 8,56. No es exactamente así, porque Corgos, por ejemplo, saltó 31 veces más de 8,00 metros, pero sólo una vez pilló el que le valió para ganar una medalla en los Europeos (8,19, 1982). Llegaban los Juegos y se quedaba en ocho pelado. Casi como le pasa a Lamela, que sólo ha tenido dos años excepcionales, con saltos frecuentes por encima de 8,40. Lino, en cambio, es una hormiguita. Sus marcas no son tan deslumbrantes, pero sí más regulares. Mejor. Así tenemos al galáctico y a su escudero.




