Yo digo Juanma Trueba

Bernabéu y Gravesen: viva el amor

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P ocas cosas definen mejor cómo es el madridismo que el Santiago Bernabéu, su clamor o su silencio, también sus silbidos. Para algunos sigue siendo un misterio indescifrable por qué ese estadio acoge a algunos futbolistas y rechaza a otros, sin importar mucho el talento. Hay quien asegura, de hecho, que se valora más el talante, el entusiasmo, la entrega, el compromiso. Eso explicaría el gran recibimiento a Gravesen o el amor incondicional por Raúl . Pero hay más. También influye la imagen que refleja el futbolista, dentro y fuera del campo. De Butragueño se apreciaba su modestia, su normalidad, lo mismo ocurre con Casillas y Owen, y la ausencia de eso es lo que perjudica, por ejemplo, Figo. Aunque tampoco ser simpático es la clave. Ronaldo lo es más que nadie y suda tinta para ser aceptado. En su caso el problema es otro: no se le ve sufrir. Y esa es una de las exigencias del Bernabéu, casi prioritaria, el sufrimiento, la pasión. Por ahí se salva Beckham y por lo contrario se condenó, por decir uno, Martín Vázquez, pura clase.

Además de lo dicho, para triunfar en el Madrid también hay que jugar bien al fútbol, sin duda, por eso no hubo tiempo para comprobar si Secretario (y cito al azar) era simpático, comprometido y sufriente. No es casual lo de Gravesen, créanme, no es un capricho ni una buena vibración. Este jugador ha llegado al Madrid sonriente, agradecido, respetuoso y encorbatado. En eso ya ha ganado a otros. Y luego, el día de su debut, se comportó con el mismo ardor en el banquillo y en el campo. Estábamos acostumbrados a los futbolistas incomprendidos que hablaban entre dientes y así odiaban o disfrutaban. Ya iba siendo hora de que alguien diera un grito.

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