El ciclismo no necesita ligas
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El ciclismo mundial ya tiene la liga que quería: la UCI ProTour. Un calendario de ocho meses de competición, con 27 pruebas y 161 días de carreras. Una liga cerrada a 19 equipos, que no excluye la participación de otros por invitación en momentos puntuales. Se trata de coronar al término de la temporada al mejor corredor, al más regular. Esto estaría muy bien si todos los ciclistas compitieran en todas las pruebas, pero como no es así esta liga no parece que interés deportivo vaya a tener mucho. La liga ya existe realmente con la clasificación que la Unión Ciclista Internacional (UCI) realiza cada año puntuando las actuaciones de todos los corredores. En 2004 salió que Cunego es el mejor; Armstrong, el séptimo.
Es un resultado cuyo valor no deja de ser simplemente estadístico desde el momento en el que Armstrong corre una gran vuelta y punto. Para que una clasificación mundial, elevada al rango de liga, tuviera credibilidad debiera hacer competir a los ciclistas en las grandes vueltas, en la Copa del Mundo y en las clásicas. Pero obliga a los equipos, no a los corredores. El ciclismo no va a ser más grande por esta liga, que persigue intereses muy concretos de patrocinio y televisión en favor de una élite de equipos y que condena al resto a la marginación. Más bien parece una astuta maniobra para salvarse unos cuantos de la crisis. Inventan una liga cerrada que no va a servir deportivamente para nada, y todo para ellos.




