Hay una revolución pendiente
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El ruido está muy cerca de frustrar otra vez un fichaje del Real Madrid. Su forma de acercarse a los jugadores que le interesan es estruendosa, lo que suele irritar sobremanera al club propietario, que descubre los movimientos por el estrépito que producen. Esa forma un tanto invasiva (e imperialista) de manejarse en el mercado, no sólo está saliendo muy cara, sino que está despertando un cierto sentimiento antimadridista en algunos clubes, por ejemplo, el Arsenal, que ha vivido en los últimos tiempos el acoso a Henry, Vieira, Wenger, Lauren y Edu (a Anelka sí lo vendieron, los muy ladinos). Hay quien asegura que el nombre del Madrid es lo que dispara los precios. No estoy totalmente de acuerdo. No puede fichar el Atlético a un internacional danés por millón y medio de euros (Gronkjaer) y el Madrid multiplicar por diez o veinte cualquier operación. Algo falla. Y para los que lo explican todo por el supuesto prestigio del comprador recuerdo que el Barça fichó a Giuly por siete millones y a Belletti por cuatro, ambos, futbolistas de primera categoría.
Sin duda, es necesario un director deportivo, alguien con olfato, discreción y autoridad plena. Modernizada la sección de marketing por José Ángel Sánchez, es necesario poner al día una red de ojeadores y asesores competente e internacional, gente a sueldo del Madrid (no dobles y triples agentes, ni comisionistas), un equipo con capacidad de negociar en nombre del club y, a ser posible, con alguien que hable inglés o francés, o algo. Una estructura, en fin, acorde con un presupuesto de 50.000 millones de pesetas. Esa revolución la tiene pendiente el Madrid. Y de ella depende el futuro.



