La travesía por el desierto
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Tuvimos que esperar mucho, demasiado diría yo, para que un español consiguiera ganar el mítico Dakar. Ojalá no vuelva a repetirse esa travesía por el desierto hasta que volvamos a tener a uno de nuestros pilotos coronado como triunfador en las aguas del Lago Rosa. Creo, sinceramente, que la edición 2005 será de transición para ellos. Ojalá me equivoque y uno de los motoristas regrese a casa con la victoria en el petate, porque es evidente que Nani Roma es una apuesta de futuro, un proyecto de ganador en potencia, pero que deberá concretarse. Él mismo explica que en su equipo, el mejor del mundo, le han dicho que cumplirá si lleva el Mitsubishi hasta la meta. Y si le piden eso a un piloto experto y rápido como él, aunque sea en moto, parece obvio que el paso de las dos a las cuatro ruedas no debe resultar tan sencillo como pudiera parecer.
Para tomar el relevo del gigante de Vic, veo más cualificado a Marc Coma que a Isidre Esteve. Y que conste que el ilerdense me parece un grandísimo piloto, aunque tengo que confesar que me da la impresión que le falta esa magia, esa chispa de los triunfadores. Admito que éste puede resultar un argumento peregrino y me encantaría tener que asumir mi patinazo el próximo 16 de enero, pero insisto en que ese talento de los fuera de serie me llega con más intensidad procedente de Coma. El inconveniente es que Marc quizá precise un año más para cuajar, para terminar de creerse que también él puede vencer a África y no a la inversa. Magnífico endurista (igual que Isidre, sin duda) transmite el carisma de los nacidos para vencer, el gesto de los que disfrutan con lo que hacen, de los que no conocen sus límites ni la palabra conformismo.




