Un agitador del basket moderno
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Maljkovic se definió ayer como yugoslavo, porque lo de serbio le queda pequeño, él que se entiende a la perfección con croátas, eslovenos, bosnios... En realidad en un paneuropeista, un defensor a ultranza de la cultura continental, de la propia personalidad del juego de cada país, de la singularidad del estilo más allá del papanatismo de copiar por copiar, de seguir ese esnobismo que bien conocemos en España, que nos dice que todo lo que viene de fuera (de Estados Unidos en este caso) es mejor que lo nuestro, simplemente por definición.
Pero Boza no se queda simplemente en reforzar la autoestima europea, sino que pone el dedo en llaga y avisa de que este negocio, el del basket, está en peligro por muchas y variadas causas. Su bisturí no perdona. Llama la atención a los clubes por la inflación que han originado por su mala actuaci censura a los entrenadores de cantera por preocuparse más de los resultados a corto plazo que por formar jugadores dejando un reguero de chicos desilusionados con este deporte; desmitifica a sus compatriotas cuando señala que en los últimos diez años no salen nuevos técnicos, y que el auténtico secreto no está en el talento de sus colegas sino en la calidad genética en algunas regiones en las que surgen cichos de dos metros como setas en otoño. Vamos, que el entrenador madridista es capaz de argumentar contra todo lo establecido con la misma soltura que le urge al Real Madrid, en el que él lleva las riedas sin hacer ostentanción pública, recuperar la imagen de gran club señor como en aquellos tiempos en los que los mejores competían por entrar en su plantilla. En eso está, en conseguir que el baloncesto se mueva y el Madrid no pare.




