Robinho: el gran deseo blanco
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Medio centenar sabía de su existencia. Dos docenas tenían noticias de sus habilidades. Me sobran los dedos de una mano para calcular los que le han visto jugar más de un partido. Tiene 20 años, es un brasileño clásico, con las piernas delgaduchas, poca estatura, movimientos eléctricos y un seguro de diversión. A estas alturas, cientos de ojos se han fijado en Robinho. Y si el impacto de las jugadas vistas por televisión no hubiera bastado para motivar el encandilamiento, su madre es secuestrada. Todo esto multiplica la admiración y desata los cauces del afecto y el dolor compartido por y con un chiquillo que ha pasado de vivir la emoción luminosa de ser objeto de deseo del Madrid, al dolor de la desaparición de su madre.
Lo que ahora rodea a Robinho en Brasil es un ataque a su corazón y su futuro. El otro día pidió respeto y consideración hacia él y su familia. Pero la rueda del suceso sigue girando, se buscan razones y se bucea en la vida del niño. Al final, los más compasivos llegan a la conclusión de que en las actuales condiciones no puede seguir viviendo allí. Pero en el Madrid, Florentino lo dijo en Italia y Butragueño lo ha ratificado: no hay prisa hasta julio. Ahora, lo trascendente es que su madre regrese y él torne a la normalidad. Después, ya veremos si viene, cuándo viene y cuánto crecerá el precio.



