Si él quiere, seguro que puede...
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Ahora nos enteramos, yo al menos, de que a Jordan le encantan las motos, desde niño. Tiene una Harley, tres BMW, una Ducati y hasta un equipo de aficionados. Y cuando se ha sido el más grande, se antoja poco convincente conformarse con menudencias. Apoya a un piloto aficionado, pero su ambición, su carácter ganador, sólo puede llevarle junto a los mejores. Dice que las exigencias de la NBA le alejaron de su otra gran pasión y que ha llegado el momento de desquitarse. Y sólo puede, debe, hacerlo en el Campeonato del Mundo de MotoGP. Un proyecto ambicioso y costoso, pero en absoluto descabellado cuando hablamos de un personaje, de un mito, como el que nos ocupa.
La llegada de Jordan al Mundial sería una gran noticia para los grandes premios: sus promotores, los patrocinadores, la televisión, la Prensa, los aficionados... Los presupuestos no creo que le asusten, porque para su juguete de EE UU, con un aficionado anónimo, ya consiguió más apoyo del que soñarían muchas escuderías serias. Y aunque dice que está en Valencia para jugar al golf, hace ya varias semanas que declaró en su país que el trámite de la iniciación estaba superado, que había llegado el momento de jugar en las grandes ligas. Habla de Rossi y de Hayden con la naturalidad de quien sabe bien lo que busca. Y si Jordan quiere...




