El carácter del ganador
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Los pilotos, de coches y de motos, son tipos muy especiales. Aunque generalizar puede conducir a imprecisiones, creo que en este caso no se producirían si dijera que suelen ser valientes, ambiciosos, egocéntricos y egoístas. Definirlos así no tiene ánimo crítico, ni mucho menos, porque un ganador no puede ser de otro modo. Sólo con ese carácter se encuentra el arrojo suficiente para jugarse la vida en cada curva por mejorar la décima que separa el éxito del fracaso. Otros, en situaciones de tanto riesgo, pensarían corto un poco de gas, que gané él y yo ya lo haré otro día, que tampoco es para tanto. Pues no, esa reflexión no cabe en esta raza especial de deportistas, los que arriesgan mucho más que un resultado cuando saltan a la pista.
Viene esto a cuento para explicar que el pique entre Rossi y Sete es tan comprensible como repetido en el tiempo. A Doohan también le parecía simpático aquel chavalín que se llamaba Crivillé hasta que empezó a tocarle las narices. Valentino es un piloto de una personalidad peculiar, pero tampoco se libra del carácter del ganador. Con Gibernau le ha salido un grano en esa parte con la que se sienta en la moto y ve que se complica el sueño de conquistar el título a la primera con su Yamaha. Lo que ocurrió en Qatar fue el detonante, pero si el distanciamiento no tuviera posos, lo habrían solucionado con una simple conversación de amigos. Ahí está la clave: que es difícil ser amigo de alguien con quien te juegas una frenada a 300 km/h.




