Cuestión de equilibrio
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Entusiasmados como estamos con las exhibiciones de Alonso, hemos llegado a olvidar que en esto de la F-1 sin un buen coche hay poco que hacer. No es que el Renault que utiliza el asturiano sea un monoplaza malo, pero sí que sabemos que le falta un hervor, que se encuentra todavía en pleno proceso de evolución. Y claro, eso tiene algunos inconvenientes que está padeciendo Fernando. Diseñar y construir un coche equilibrado, potente pero estable, tan fiable como competitivo, no es tarea fácil. Por eso los problemas no son patrimonio de la escudería del español, sino que otras del empaque de Williams y McLaren han sufrido (o sufren) calvarios similares. Y son teams con mucha mayor experiencia y saber hacer que el de Briatore.
Se intuía que podía ocurrir y los temores se han confirmado. Ahora que el coche es prestacionalmente más capaz llegan las pegas de estabilidad, de chasis. Una forma sencilla de entenderlo: un pequeño utilitario funciona a las mil maravillas con un motorcito de 80 CV, pero si se nos ocurre montarle uno con el doble de potencia, seguramente se convierta en inconducible. Ahora que el Renault corre algo más (simplificando el concepto) el desafío es transmitir ese rendimiento al asfalto sin que cada curva, cada frenada, resulte un suplicio para Nano (por no hablar de Villeneuve, más perdido ayer que un pulpo en un garaje). ¿Y cómo se solventan esas carencias? En Ferrari lo saben bien y así arrasan: trabajo, trabajo y más trabajo...




