Aprovechar una buena mano
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Alguien, seguro que mucho más inteligente que yo, aseguraba que el destino mezcla las cartas y nosotros las jugamos (me suena que era Schopenhauer, aunque no lo juraría, me van a disculpar). Y la mano que le ha tocado a Sete Gibernau es ganadora, de eso no hay duda, así que sólo falta que sea capaz de aprovecharla... porque puede que no se vuelva a presentar otra igual. Dejando al margen sus cualidades evidentes, lo que se encontró al principio de este Mundial fue con un Valentino Rossi más debilitado que nunca tras su cambio de marca. Al menos sobre el papel. Y sumando ambos factores, el catalán se erigió como el rival más terrible para el campeonísimo italiano.
Llega la hora de echar el resto. La temporada afronta su recta final y ya no queda lugar ni para el conformismo ni para la estrategia. Si Sete no consigue demostrar a su rival que sigue vivo, que mantiene sus esperanzas intactas, que no le tiene miedo aunque en Estoril no le viera ni el pelo, el sueño se habrá esfumado. Motegi es un trazado apropiado para sus ambiciones, otra carta a su favor. Si la juega con maestría tendrá el privilegio de volver a presionar a Valentino, de inquietarle tanto como ya lo estuvo cuando se dio cuenta de que su aventura con Yamaha sería complicada. Y quién sabe si la próxima mano de Sete, la de 2005, le será tan favorable...




