Dos estilos, la misma importancia
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Estados de ánimo. Al final, todo es cuestión de estados de ánimo. Tres partidos por cabeza han convertido el Atlético-Barça del domingo en el padre de todos los partidos para dos aficiones tan ansiosas de creer que ya se lo han creído. El Atlético se mostró siempre sólido y, a ratos, brillante frente a Villarreal, Málaga y Albacete. El Barça estuvo siempre brillante y, a ratos, deslumbrante frente a Racing, Sevilla y Celtic. La misma diferencia entre el juego de ambos equipos es la que existe entre Luccin y Ronaldinho, tal vez el duelo clave del domingo. Uno viene de no ser titular en ningún partido hasta el momento, pese a ser el fichaje rojiblanco más caro esta temporada. Mientras que el brasileño, rodeado de tanta estrella, ha lucido menos que el año pasado y ya no es el único protagonista del show culé. Pero no se engañen, son situaciones pasajeras.
El francés debe ser un fijo en este Atlético. En la actual dictadura del doble pivote, cuando los técnicos sacrifican un jugador para poner a dos a hacer el trabajo que siempre hizo uno solo (Redondo, Guardiola...) Luccin es de los pocos mediocentros que quedan capaces de crear y destruir, de jugar sin un compañero en el eje. Un lujo para un equipo que lleva muchos años sin cerebro. Por su parte, Ronaldinho atraviesa su peor momento en el Barça, pero bendito mal momento. Entre la patadas atroces (Soldevilla), viajes absurdos, un seleccionador (Parreira) y una federación (brasileña) egoístas hasta rozar el esclavismo y el penalti fallado en Glasgow, le ha dado tiempo a marcar un gol soberbio con su selección en Alemania y a darle otro, bicicleta mediante, a Deco ante el Celtic. Lo dicho, en lugar de deslumbrante sólo ha estado brillante.




