La emoción de una gran arrancada
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No aparten hoy la vista de la tele entre las dos y las dos y cinco de esta tarde. Si lo hacen, pueden perderse otra de esas salidas fulgurantes de Alonso, quizá lo único interesante de todo un gran premio en el que adelantar es casi una quimera. Al menos, hasta que veamos de nuevo al español subido en el podio, puede que incluso en su escalón más alto... De ese instante depende gran parte del éxito de Fernando, porque ocupando la quinta plaza de la parrilla, a poco que las cosas le salgan bien, puede llegar al final de la recta de Hungaroring acosando a los Ferrari. A partir de ese momento, todo pasa por la estrategia, la eficacia en las paradas en boxes, las averías, los accidentes... Porque adelantar, lo que se dice adelantar, no nos engañemos: lo van a hacer muy, muy poco. Alonso ha definido bien este trazado como lo más parecido que hay a una pista de kárting.
Disfrutemos, pues, del show Alonso cuando comience la acción. Pero no debemos olvidar que los quiebros de su Renault, realizados con tanta valentía y rapidez de reacciones, tienen sus riegos. Si nos impresionan sus arrancadas es porque rozan lo inverosímil y moverse en ese terreno acarrea riesgos. Entre los primeros de la parrilla no hay concesiones ni cortesías. Nadie perdona ni un centímetro de asfalto y puede que Nano se encuentre algún día con un imprevisto que le ponga en un aprieto. Desde luego que no pretendo cuestionar sus maniobras magistrales (al contrario: ¡gracias Fernando!), sólo advertir de sus dificultades y sus peligros. Más que nada, para que si el incidente surge no nos llevemos las manos a la cabeza ni nos sorprenda. Pilotar al límite es hacerlo en el filo de la navaja y sólo los más grandes dominan este arte.




