Cinco minutos de fama
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Dudo mucho que pensaran seriamente en ganar. Lo dudo en el caso de Sanz y estoy completamente seguro de ello en el caso de Baldasano, que sin participar en La casa de tu vida ha obtenido una popularidad con la que jamás hubiera soñado. Una popularidad que al relacionarse con el Real Madrid se convierte en positiva, no importa la derrota, quedará la imagen de un señor iluso que prometía imposibles y que tenía más moral que el Alcoyano. No es mala prensa. Ha sido necesaria una generosa inversión, cierto, pero la fama le ha valido para liberarse de un pasado borrascoso como directivo de diferentes empresas. Ahora podrá emprender otras. Porque siempre será el candidato a la presidencia, ¿te acuerdas?, conocido en los restaurantes en los que no era conocido.
Es distinto para Sanz, aunque parecido. Comenzó sin creer y acabó creyendo cuando el juez admitió irregularidades en el voto por correo de Florentino. Ese entusiasmo le hizo olvidar que no le apoyaba nadie, salvo la familia, que al ser numerosa le debió parecer multitud. Encontró la triquiñuela, pero no a la gente. Volvió por la fama y los micrófonos, por los odiados periodistas sin los que no se puede vivir, pensando tal vez retirarse en algún momento, después de haber limpiado su imagen. Qué torpeza el debate y qué torpeza recordar aquello que se había olvidado, pues el olvido le favorecía, sólo se recordaban los títulos. Le queda el reencuentro con los flashes, esa solemnidad aparentemente recuperada, el baño de importancia. Qué importa el ridículo ante cinco minutos de fama.



