El bueno es el nuestro
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Llevaba unas semanas esperando la oportunidad y Alonso me la puso ayer en bandeja (gracias, Fernando). Y es que tenía ganas de decir a quien me quisiera escuchar que aquí el bueno es el nuestro. Que Jarno Trulli es un chaval muy majo, un estupendo piloto, que nos cae bien porque es italiano y amiguete de Nano, pero que el talento natural para pilotar al límite un F-1 lo tiene el asturiano. Al margen de los puntos, los resultados o las clasificaciones. La pole de Magny-Cours es una evidencia más, casi innecesaria aunque viene a poner las cosas en su lugar. Porque ya había quien comenzaba a pensar que lo de Alonso no era para tanto, que sus éxitos podían arrastrar el calificativo de casuales y que Jarno se iba a encargar de sacarle los colores. Así somos: nos gusta dudar hasta de los que parecen llamados a hacernos grandes, a sacarnos de la miseria.
Realizo tal proclama aún a sabiendas de que quizá hoy la suerte vuelva a dejar de lado a Fernando. Una pole no garantiza nada en un gran premio (ojalá) y el sueño del triunfo puede esfumarse a las primeras de cambio. Insisto en que eso es lo mismo, no tendría mayor trascedencia. La impaciencia nos ciega a menudo, normal, pero no olvidemos que el de Alonso es un desafío a largo plazo, no un examen permanente para aprobar la asignatura del beneplácito popular. Tenemos que creer en su proyecto más allá de los triunfos o los fracasos puntuales. La esencia es su calidad, su talento y su coraje. Sobre esos cimientos nadie debería cuestionarse que satisfacciones como la pole de ayer dejarán de ser algún día noticia por su cotidianeidad. Yo, de verdad, así lo creo y por eso no me preocupa la supuesta presión que pueda ejercer Trulli o cualquier otro.




