Detector de mentiras para todos
El detector de mentiras se ha convertido desde ayer en un elemento de la lucha antidoping. En el momento en que, a petición de la defensa, lo ha utilizado Marion Jones para exculparse, cualquier organismo podría solicitarlo, pienso yo, para presentar pruebas contra un sospechoso. Aunque no me imagino aquí a nadie atreviéndose a reclamar la presencia de Gurpegui ante una maquinita para que responda si Sabino Padilla le inyectó nandrolona o no. Pero cualquiera sabe. A un futbolista, desde luego que no, pero a un ciclista... Siempre será mejor conectarse a un cable y responder a unas preguntas que sacarse sangre en plena madrugada.
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Lo triste es que la ineficacia de la batalla antidoping haya llegado a estos extremos. A un futbolista le pillan con los niveles de nandrolona tan altos como para hospitalizarle de urgencia y resulta que no sólo juega al día siguiente, sino que es capaz de negar la mayor. O a un ciclista le pillan con el hematocrito por las nubes y a nadie se le ocurre investigar cómo demonios se ha hecho con esos fármacos de circulación restringida o denunciar al médico que ha puesto a su paciente en riesgo de muerte, que casos ha habido, en cuanto se ponga a dormir y se le ralentice la circulación sanguínea. Aquí Manzano denuncia lo que ha denunciado y no pasa nada.
Este corredor demostró cómo los controles se burlan con toda facilidad, sencillamente porque no son capaces de detectar las sustancias invisibles, tipo hormona del crecimiento. Por eso lo del detector de mentiras podrá sonarnos a broma, que aquí frivolizamos mucho la maquinita desde que Tele 5 dedicó un programa a ponérsela a famosos, pero lo mismo acaba siendo la solución. En Estados Unidos, al menos, se la toman muy en serio, y hasta un ex agente del FBI, Ronald Homer, da fe de los resultados que ofrece el polígrafo. Será la única manera de acabar con los deportistas que, además de tramposos, son unos mentirosos.




