Buscamos fuera lo que tenemos dentro

Magnífico arranque. Al partidazo espectacular y fragoroso del sábado, en el que el Valencia defendió su derecho a seguir siendo considerado aspirante más allá de las ausencias, ha seguido una jornada con treinta goles en nueve partidos, chismes varios (Saviola empezó en el banquillo), bombas de regular tamaño (lo de Las Palmas en el EuroSitjar no lo hubiera esperado nadie) y, sobre todo, la constancia de que el papel del futbolista español cotiza a la alza. Pasó la moda de los entrenadores extranjeros. Creo que acabará pasando la moda de los fichajes porque sí.
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Porque en Valencia se esperaba a Zidane, y aunque lució cosas hasta que Albelda le coció a faltas, los que se quedaron con el espectáculo fueron Vicente y Casillas. En Sevilla se esperaba a Saviola y chupó banquillo. En Riazor ese Depor cada vez más españolizado (bien, Lendoiro, rectificar es de sabios) se dio un festín y es el primer líder. En Montjuïc disfrutaron con ese Espanyol que se ha convertido en el gran equipo-cantera de Catalunya. Las Palmas se ha puesto a jugar también la carta de la cantera y lo suyo fue espectacular. El eterno Athletic arranca bien...
El otro día pensaba, ante el primer tiempo de Aragón en el partido de la Supercopa en el Bernabéu (¡qué manera de jugar bien al fútbol!), en la cantidad de jugadores buenos que tenemos, hemos tenido y tendremos, y en el poco aprecio que les hacemos. Algo me hace presentir que este puede ser el año en que tomemos conciencia de ello. De que veamos que detrás de cada Javi Moreno hay un Rubén Navarro, de que a Diego Tristán no hay quien le pare, de que parejas como la de Lopo y Soldevilla permiten esperar cualquier cosa. De que solemos buscar fuera lo que tenemos dentro.



