La Liga ha venido, nadie sabe cómo ha sido

Y de repente, la Liga. Como sin avisar, en agosto, con los partidos de pretemporada aún sin completarse, sin que sepamos aún si lo del Barça es un tridente o un embudo, ni si Zidane debe jugar diez metros más atrás o cinco más a la derecha. Coge a muchos aficionados aún en la playa, o en la montaña, melancólicos de recuerdos veraniegos y apenas empezando a calcular cómo les va a caber todo en el coche para el viaje de vuelta. Y arranca, además, con una especie de salida en falso, porque inmediatamente se interrumpirá para dar paso a la Selección.
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Pero arranca. Y con un buen partido, el Valencia-Madrid. Sin Mendieta, que voló. Ni para ti, ni para mí. No estará, pero sí queda presente su recuerdo, en forma de escozor de la afición valencianista que es consciente de que el Madrid quiso arrebatárselo, por mucho que luego lo haya negado. La apuesta de mantenerlo le costó el puesto a Cortés, que sólo se equivocó en una cosa: al decir que Mendieta es el murciélago del escudo. El murciélago, el escudo entero, es la afición. Esa nunca se va. Ortí acertó al admitir la salida de Mendieta pero en ningún caso para reforzar a un rival directo, como el Madrid. Porque como tal lo siente el Valencia, que se ha puesto cómodo en las alturas del fútbol europeo.
Esa es una de las incógnitas de la temporada: si el Valencia podrá mantenerse ahí. Por momentos, durante el verano, dio la imagen de estar en liquidación. Pero ya no lo parece. Ortí lo ha cogido con mano firme (le vi muy claro de ideas en su entrevista de hace tres días con Agulló) y tiene orgullo y jugadores. Sólo necesita que a Rafa Benítez le den cierta confianza. Y eso depende de hoy.



