Llegar es mejor que estar

Estamos en los años del 4-2-3-1. Así juega casi todo el mundo: cuatro defensas, dos volantes, tres jugadores en agua templada entre la media y el ataque (entre líneas, comenzó a decirse) y un solo delantero. Es un modelo que se extiende cada vez más. Nació por el interés creciente de los entrenadores de explotar las ventajas de ese espacio que hemos venido a llamar entre líneas, y que ha acabado por convertirse en una línea más, y de las más numerosas. El principio que lo inspira es que es mejor llegar que estar. Es mejor llegar al gol desde atrás que esperar arriba.
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De lo que se deduce que la virtud del sistema es que los tres de la dichosa línea entre líneas lleguen. Que sorprendan en velocidad, en pared con el de arriba, o desbordando por las bandas. Desgraciadamente, el uso y el abuso de este sistema lo está convirtiendo en un plomizo cúmulo de centrocampistas, más preocupados de asegurar balón y posición que de desengancharse hacia arriba para marcar. El partido de anoche fue un perfecto ejemplo de ello, al menos hasta que el gol de Flavio apresuró al Zaragoza. Mucha gente en el centro del campo y un solo delantero por equipo.
Fue justamente la sorpresa de Flavio, que rompió el dibujo y trepó del medio campo a la media luna, lo que se echó en falta que hiciera más gentes y más veces. En el Zaragoza, pudo pesar la cautela ante la galaxia de estrellas del Madrid. Pero de éste, con los jugadores que tiene, cabe esperar algo mejor que ese juego, que condena a Raúl al aislamiento y deja a Zidane sin más que una referencia en ataque. Aunque empatara, y aunque ya se haya visto a Zidane, que hizo algunas cosas de verdadera categoría, esto sigue lejos de ser el ideal de equipo soñado con estos jugadores.



