Zidane, sí, o sí, o sí, o sí... ¿Y si no?

Esta noche se juega el partido de ida de la Supercopa. El Zaragoza recibe al Real Madrid en lo que se presenta como una lucha desproporcionada. El Zaragoza ha hecho la inversión de su vida con Drulic, que costó 2.000 millones y resulta que se ha lesionado. El Real Madrid ha fichado a Zidane por seis veces lo que cuesta Drulic. Mucha distancia, en principio. Y eso que en el deporte los factores realmente decisivos no son cuantificables. Son mágicos, o casi. Si el Zaragoza es feliz, se agrupa en torno a una idea y es consciente de su poder, tiene en su mano esta copa. Aunque el Madrid esté enfrente.
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Porque es importante tener los mejores jugadores, y el Madrid tiene mejores jugadores que el Zaragoza, pero aún es más importante tener incorporado el sentido del porqué, el cómo, el cuándo y el quién. Un equipo campeón es sobre todo una unidad de propósito, un sentido solidario de la causa, un ánimo colectivo, la decisión de poner durante hora y media todo el ser en un solo cuadro, el rojo o el negro. La confianza en los compañeros, la amistad, el deseo de cumplir con una afición, la ambición de ganar, la alergia a la derrota... De todo eso está hecho un equipo campeón.
Esta noche se enfrentan dos equipos campeones. Se disputan un título que los clásicos aún vemos un poquito artificial, pero que no deja de ser un título con respaldo oficial y lo que eso supone. En el deporte todo es convención, todo es desafío, todo se simplifica en una cita con un código acordado de antemano, sagrado e inamovible. En este caso se enfrentan dos campeones con el orgullo del título recién conseguido. Uno no se ha reforzado con Drulic que, lesionado, no estará. El otro se ha reforzado con Zidane, que está obligado a ser por fin, sí o sí, el hombre decisivo. ¿Y si no...?



