Un psicólogo para los árbitros

Alfredo Relaño
Importado de Hercules
Actualizado a

Algo se mueve en el arbitraje. Se prepara una atención psicológica para los colegiados. No seré yo el que ataque tal cosa. Cualquier apoyo para que lo hagan bien debe ser bienvenido. Está claro que los árbitros actúan bajo una fuerte presión y que cuanto más se les ayude a soportarla, mejor irán las cosas. Pero la atención psicológica, por mucho que sea positiva en sí, no va a resolver el eje del problema arbitral en España. Lo que hay que atacar es el profundo grado de despiste, de arrogancia y de descontrol que en esa organización está anidando en los últimos años.

Noticias relacionadas

Del mundillo de los árbitros llegan continuamente mensajes que hablan de su profundo extravío. Según ellos mismos, los árbitros son deportistas. Según ellos mismos, los árbitros tienen derecho a cobrar una cantidad por su imagen en los partidos televisados. Pues bien: a la primera, no. No son deportistas, sino jueces. Y a la segunda, tampoco. En el peor de los casos, los árbitros forman la parte bufa e indeseable del espectáculo. Lo ideal, que no lo olviden, es que no se les note, que no se les vea, que no se hable de ellos. Que se les respete por su acierto y por su discreción.

Lamentablemente vivimos con una Federación que les hace subir al palco a recibir una medalla (¿por qué?) en la final de Copa. Entre el ganador y el derrotado, como reconociéndoles un mérito intermedio entre el campeón y el finalista. Una Federación que no se abochorna si Prados se finge agredido por un jugador, sin serlo, o si López Nieto pita un penalti de espaldas a la jugada o si Esquinas se da el capricho de decirle a Mostovoi que no se ponga cerca del portero rival a la salida de un córner. Quizá el que necesita el psicólogo es Sánchez Arminio. O Ángel María Villar.

Inicia sesión para seguir leyendo

Sólo con tener una cuenta puedes leer este artículo. Es gratis
Gracias por leer

Te recomendamos en Opinión

Productos recomendados