Estos tampoco le habían ganado a nadie

Alfredo Relaño
Importado de Hercules
Actualizado a

Veo en Eurosport el partido entre Francia y Dinamarca. Lo veo buscando maniobras de Zidane que le confirmen como primer jugador del mundo, o al menos como primus inter pares. Mejor entre iguales. Juega bien. Al menos, bastante bien. Pero lo que de verdad me llama la atención es el estilo general del equipo, el aire de la Selección de Francia. Un equipo campeón del Mundial y de Europa. Un equipo ganador, satisfecho de sí mismo, con un aire desenvuelto, técnico, solidario, envidiable. Un equipo que se mueve de arriba abajo con la relajación del que se sabe poderoso.

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Ese aire desenvuelto, superior, capaz, con que se desplegaban o se replegaban conscientes de que cada trance del partido merecía una respuesta colectiva, esa forma de estar el equipo, como tal, listo para la respuesta inmediata, me produjo cierta melancolía. Francia, ¡tan cerca y tan lejos! Un trote seguro, hacia arriba o hacia abajo, una conformidad en el éxito, un propósito común, la victoria. Este equipo ganó un Mundial y una Eurocopa y no por casualidad. Los ganó porque tiene una fibra ganadora, porque alguien o algo produjo una complicidad general con el triunfo.

Solemos decir que no hay que esperar nada de la Selección Española porque nunca hemos ganado nada. No es verdad. España ganó una Eurocopa en 1964 y unos JJ OO en 1992. Pero imaginemos que ni eso hubiésemos ganado. Tampoco los franceses habían ganado nada hasta que empezaron a ganarlo todo. ¿ Y por qué empezaron a ganar? Porque tienen buenos jugadores, pero también porque se lo propusieron, porque se sintieron depositarios de una ambición colectiva y porque no buscaron excusas para no ganar. Eso es lo que tenemos que copiar.

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