Importa el orgullo, no el puesto

Llegaron nuestros atletas. Fueron recibidos como héroes. Se lo merecen. Compitieron en Edmonton hasta conocer la agonía. Más no pudieron hacer. Quien entrega la última gota de sudor no puede recibir reproche. Luego se perderá o se ganará, pero lo que vale es la impresión que se deja. Y esta vez el equipo ha podido regresar con la cabeza bien alta, no como hace un año, cuando el viaje a los Juegos de Sydney pareció ser de turismo visto el talante con el que se compitió. Ahora comprobado está que no hace falta vencer para ganarse el respeto de todos. Aquí no hay medallitis, lo que había era mucho cuento.
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Hemos ganado una medalla menos que en los anteriores Mundiales y nadie se ha rasgado las vestiduras. No hemos tenido un solo campeón del mundo y tampoco ha habido toque de alarma. Hemos quedado en el puesto 24º del medallero y estamos orgullosos. A veces, el oro desvirtúa la clasificación oficial. La República Dominicana ganó uno y está por delante de nosotros en el medallero, porque lo primero que se cuentan son las victorias, luego los segundos puestos y, por último, los terceros. ¿Es que la República Dominicana tiene mejor atletismo que España? No, y mucho menos si se sabe que su campeón nació en Nueva York.
Todos los medalleros se pueden analizar de distintas maneras. Al final acaban siendo como las elecciones, en las que todos los partidos ganan. Francia se ve en el puesto 34º y dice que es que sus atletas no se dopan. Nosotros nos vemos en el 24º y ni nos preocupa porque la casta con la que compitieron nuestros corredores nos hizo sentir orgullo. Y encima va Marta Domínguez y sube al podio, sólo por detrás de la atleta dopada e indultada. ¡Qué tramposos estos rusos y qué cínicos los de la IAAF! Pero no nos van a amargar la fiesta, que más vale dar una vuelta al ruedo con dignidad, que cortar una oreja peluda y regalada.



