Los Mundiales de la mujer masculinizada

Juan Mora
Importado de Hercules
Actualizado a

Cada edición de unos grandes campeonatos pasa a la memoria por el recuerdo de un protagonista, un récord, una victoria, una gesta, una imagen. La primera de los Mundiales, en 1983, nos dejó la aparición de Carl Lewis, capaz de estar saltando longitud y decir a los rivales "ahora vuelvo" para irse con sus compañeros del relevo a correr una de las postas. Después fueron desfilando Ben Johnson, Mike Powell y su sensacional salto, las atletas chinas, Martín Fiz, Abel Antón... Acabó Edmonton y ante el relevo de grandes figuras que se está produciendo, ¿con qué quedarse?

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Marion Jones quizá haya sido la mayor protagonista de estos Mundiales, pero por su derrota en los 100 metros, no por haber ganado los 200 y uno de los relevos. La Reina de América cayó. De multimedallista en Sydney, a vencida en su primera gran carrera del año. La destronó una atleta de fugaz aparición, Pintusevich, que en vez de salir después también en los 200 para rematar la faena ante la baja forma de la Reina, prefirió desaparecer. Como la otra atleta que también subió al podio, Thanou, la más musculada de las corredoras griegas.

Ésta ha sido una imagen muy repetida en Edmonton, la de ver mujeres extraordinariamente fuertes, al mismo nivel incluso que el de los hombres. Es fácil que con el paso del tiempo sólo se nos quede grabada esta fotografía, y los Mundiales de Edmonton los recordaremos entonces como aquellos en los que la mujer sufrió una transformación física de tal magnitud que más que atletas parecían culturistas. La feroz Kratochvilova de los años 80 no llamaría la atención entre estas atletas que nos trae el nuevo siglo. Acostumbremos nuestros ojos a ello, porque es el futuro.

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