Hemos salido de Edmonton revalorizados

Juan Mora
Importado de Hercules
Actualizado a

El atletismo español ha salido de estos Mundiales revalorizado. El número de medallas no importa para llegar a esta conclusión. Lo que nos ha dejado Edmonton es la certeza de que los corredores/as españoles han acortado distancias con las armadas invencibles: la africana en el caso de los hombres y la de Europa del Este en el de las mujeres. Si algún día caen derrotadas será a manos de algún español/a. Desde que existen los Mundiales (1983) jamás país alguno compitió ante las grandes potencias con el descaro y en el plano de igualdad que lo ha hecho España.

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Hemos visto a Berlanas, al Penti, a García, a Roncero, a Ríos... confundidos entre las hordas de kenianos, etíopes, argelinos y marroquíes vuelta tras vuelta, mientras cualquier otro hombre no nacido en África se descolgaba. Si al final los nuestros se quedaron sin medalla no fue porque no lo intentaran, que hasta tuvieron la osadía de atacar a los africanos, sino porque en el mundo hay tres corredores mejores que ellos. Pero sólo tres. Ni uno más. Y con nuestras chicas, otro tanto de lo mismo. Donde hubo una rusa o una rumana, ahí también estuvieron las españolas.

Y estar ahí no es nada fácil. En los países de Europa del Este es costumbre utilizar al límite la preparación farmacológica, mientras que los atleta africanos tienen unas condiciones innatas para correr. Esto lo vimos anoche en la final de 1.500. Eran doce atletas y siete de ellos habían nacido en África o sus padres eran de allí: los tres marroquíes, los dos kenianos y los dos franceses. España, una vez más, se las tuvo que ver ante la legión africana. El resto del mundo sólo se vio representado por un portugués, un holandés y un estadounidense. Lo nuestro tiene mérito.

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