La delirante explicación de Onieva

Durante el mandato de Sanz se extendió la impresión de que éste era un intuitivo descuidado y Onieva un riguroso administrador que daba el mejor cauce posible a sus arrebatos. Sospecho que esta visión la hacía correr el propio Onieva. Pero él mismo nos ha desengañado de la manera más rotunda. Su carta con la explicación sobre la pérdida, evaporación o hurto de los 350 millones es la pieza más delirante del verano. Nadie hubiera pensado que lo de Onieva fuese tal impostura. Que tras su trabajada imagen de hombre serio se escondiera semejante marmolillo.
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Confiesa que 122 millones se dedicaron a pagar a personas muy ligadas a la historia del club (se supone que en negro), a grupos de apoyo (los ultras) a primas a terceros (prohibidas, como todo el mundo sabe) y a cosas parecidas (sic). También reconoce el exceso de taquillaje del día del Borussia y el consiguiente engaño a la UEFA. Habla de 80 millones tragados por la taquilla irregular que sólo al final de su mandato abordó y da por perdidos 68 millones de épocas anteriores, pese a lo cual siguió contando, durante mucho tiempo, con el anterior gerente, Fernández Trigo.
Todo para decir que no se quedó nada. Eso se puede creer o no creer, a voluntad. Tan difícil será demostrar si se quedó o no con algo como demostrar que el destino de esos dineros fue el que él dice que fue. ¿Cuánto dio a los ultras? ¿Cuánto en primas a terceros? ¿Cómo le preguntamos ahora a Mendoza por lo anterior? Yo prefiero pensar que no se quedó nada. Lo que sí creo es que era un desastre como administrador y que carecía de escrúpulos para hacer cosas que están directamente prohibidas. Y que es tan cebollino que encima va y lo cuenta. Sanz se buscó un mal contable.



