Hay que saber corresponder a los honores

Alfredo Relaño
Importado de Hercules
Actualizado a

Me lo comentaba un amigo: este Madrid despierta tanto revuelo, anda tan superprotegido y tan rodeado de admiración de aquí para allá que parece que los demás se han convertido en equipos de barrio. Hasta el propio Barcelona, su vecino en Nyon, pareció a su lado algo menor. Este es un equipo que tiene que ser llevado hasta el mismo campo de entrenamiento en pequeñas furgonetas para tener acceso directo, sin contacto con el público, que es recibido en los aeropuertos con máximas medidas de seguridad, que se mueve como en una burbuja aséptica.

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Me comentaba todo esto mi amigo cuando supimos que en Egipto será recibido con honores de Jefe de Estado: "¿Lo ves? El Madrid es ya como un mandatario del G-7. Dentro de poco se verá acosado por los movimientos antiglobalización. Es lo único que le falta." Algo de razón tiene mi amigo. Es el peso de la gloria del pasado más los sucesivos impactos de los fichajes de Figo y Zidane. Los proclamados oficialmente como mejores jugadores del mundo en los dos últimos años, más Raúl, más Roberto Carlos, más los demás, más la leyenda... Mucho Madrid.

Pero hay que saber corresponder. Tras ganar en Alicante, al Madrid le dieron una copa. Sólo se quedó a recogerla Morientes. Feo gesto. El organizador del partido y los miles de incondicionales que acudieron al campo hubieran merecido un gesto más amable. Todo el equipo esperando a que el capitán coja la copa, una foto improvisada con el trofeo... En fin, el ritual clásico. Cinco minutos, nada más. La burbuja aséptica sólo cuando sea imprescindible. La cortesía para corresponder a tanto honor, en todo momento. Alguien en el club debería reflexionar sobre esto.

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