Luis Aragonés y sus Doce del Patíbulo

Fue una sorpresa que el Atlético bajara en su día. Fue casi más sorpresa que no ascendiera a la primera ocasión. Había otros tres grandes en la categoría, Sevilla, Betis y Tenerife, y además desde el despacho de Miguel Ángel Gil se hicieron tantas barbaridades (tres entrenadores, entre ellas) que la cuestión resultó imposible. Ahora el asunto queda en manos de Luis Aragonés, el mejor doctor imaginable para un caso así. Por lo que sabe de todo, y particularmente del Atlético, que es su casa más que la de los Gil, por mucho que estos le hayan echado dos veces antes.
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Y Luis ha llegado y ha diagnosticado algo así como depresión colectiva. Encontró, según cuenta a sus íntimos, una plantilla enferma de desánimo y ansiedad. Una especie de bloqueo general después de dos años de profundo fracaso. Algunos estuvieron en las dos temporadas. Otros, sólo en la segunda, pero les alcanzó el contagio. Por eso lo primero que ha recetado Luis es una especie de transfusión general. Muchos jugadores nuevos, casi todos. No es que los anteriores fueran peores que éstos. Podrán rendir en cualquier lado menos en el Atlético, donde eran al tiempo víctimas y propagadores de ese contagio pesimista y derrotista que les bloqueó.
En la elección de los nuevos Luis busca alejarse lo más posible de eso. Tipos duros, curtidos en el fútbol y en la vida. Un grupo un poco al estilo de Doce del Patíbulo. Gente de rompe y rasga, a los que lo mismo se les puede encomendar un ascenso a Primera que el asalto al poder en algún país de Centroáfrica. Gente muy experimentada y muy capaz de alinearse bajo una idea profesional y un líder del talante de Luis. Me gusta el experimento.



