Inglaterra en la actualidad. Un maniático secuestra a una socialité amada por el pueblo y famosísima en Internet y asegura que la matará a no ser que el Primer ministro británico aparezca en las próximas horas en directo en televisión manteniendo relaciones sexuales con un cerdo. Si lo hace, se ganará el asco de la nación. Si no, el odio eterno.
Con este dilema comienza el primer capítulo de Black Mirror, la miniserie británica que ha revolucionado la ficción televisiva el último año y que este lunes estrena en horario de máxima audiencia Cuatro.
Un trabajo cuya primera temporada consta solo de tres episodios autoconclusivos (es decir, que más que una serie al uso se trata de tres minihistorias con principio y final) que nos traslada a un futuro distópico en el que la tecnología domina nuestras vidas al más puro estilo George Orwell.
Tres historias turbadoras de una hora de duración en la que la crítica social, la sátira y la provocación certifican una vez más que la televisión británica no tiene que envidiar nada a la norteamericana en lo que a producción de series se refiere. De hecho, podría decirse una vez vista Black Mirror que los ingleses van allí donde los estadounidenses no se atreven a entrar.
Valga como ejemplo Dead Set, la otra serie creada por Charlie Brooker, autor de Black Mirror, que contaba como los concursantes de Gran Hermano vivían ajenos a una plaga zombie que asolaba toda Gran Bretaña. Aunque otros títulos como Misfits, The Fades, Downton Abbey, Life On Mars y Sherlock también sirven de prueba de que a la hora de buscar televisión inteligente no hace falta cruzar el charco. Dale una oportunidad. No te arrepentirás.
