Rossi es Patrimonio de la Humanidad
Cuando el italiano ganaba, ganábamos todos, porque él puso MotoGP en otra dimensión y la Rossimanía no tuvo fronteras.


Muchas han sido las estrellas del Mundial de motociclismo desde que arrancara en 1949, pero ninguna tan icónica como Valentino Rossi. Hay que ser muy bueno, pero también muy especial, para que la figura de un deportista sea tan amada e idolatrada como lo era la del nueve veces campeón del mundo dentro y fuera de su país. Tal es así que para AS fue considerado durante muchos años no como un piloto italiano sino como Patrimonio de la Humanidad, porque cuando ganaba él, ganábamos todos, empezando por un deporte que llevó a otra dimensión con una Rossimanía que no tenía fronteras.
El de Tavullia al principio era una especie de Mortadelo a la italiana, por sus disfraces y celebraciones diversas cuando aún era piloto de 125cc, título que conquistó en 1997. Desde vestirse de Robin Hood, a pasear una muñeca hinchable en la vuelta de honor o pararse en medio de ella para entrar a un baño portátil en la vía de servicio del circuito de Jerez, hoy llamado circuito Ángel Nieto-Jerez, con el nombre de su gran amigo, con el que tantas noches divertidas pasó en su querida Ibiza y al que homenajeó tras su victoria en Francia 2008. Lo hizo por ser la número 90 de su carrera, tantas como en su día logró el campeonísimo español. Antes ya había homenajeado a Mike Hailwood, paseando su bandera, y con Nieto, que fue testigo directo de esa victoria, le cedió su Yamaha de MotoGP para que le llevara en la vuelta de honor hasta el podio.

Sin duda, aquello que hizo con el Maestro fue un detallazo de un deportista que amaba este deporte y que respetaba la historia, porque la había mamado desde niño al ser hijo del piloto Graziano Rossi. Su progenitor ganó en su día tres GGPP de 250cc y es por él y por un piloto japonés que vio correr en Suzuka siendo niño por el que portaba el dorsal #46 que nunca se quitó del frontal de sus motos. No pudo cambiarlo por el #1 cuando ganó en el octavo de litro porque pasó a 250cc, y tampoco cuando ganó en la categoría intermedia, en 1999, porque al año siguiente pasó a 500cc. Ya en la reina fue subcampeón en su primera temporada y lograría el último título del medio litro en el año 2001, pero siguió con el #46 en amarillo fluor, su color, para siempre.
A partir de 2002 comenzó la era MotoGP y su tiranía, consiguiendo de nuevo con Honda las coronas de 2002 y 2003. Fue al acabar esa temporada cuando su leyenda se agigantó ya que, harto de oír que ganaba porque tenía la mejor moto, la RC211V, decidió irse a Yamaha, fábrica que por entonces estaba claramente por detrás de Honda y hasta de la recién llegada Ducati. Sin embargo, las cosas cambiaron radicalmente para la casa de los diapasones con la llegada de El Doctor, que así es como se hacía llamar por entonces tras darse un día cuenta de que en la guía de teléfonos de su país aparecían muchos doctores Rossi y el tomó Il Dotore, The Doctor o El Doctor para sustituir el Rossifumi que venía empleando desde sus inicios.
El caso es que también ganó con Yamaha desde el primera carrera, la inolvidable de Suráfrica 2004, en Welkom, y para la posteridad quedó la imagen en la que se detuvo en la vuelta de honor para arrodillarse frente a su M1, besarla y a continuación sentarse junto a ella. Dijo tiempo después Valentino que muchos pensaban que estaba llorando emocionado por el logro que acaba de conseguir, pero que lo que en realidad estaba haciendo era reírse pensando en todos los que habían dicho que jamás ganaría con Yamaha. Vaya si lo hizo. Exactamente cuatro títulos conquistó con Yamaha, los de 2004, 2005, 2008 y 2009, para un total de nueve, siete en la clase reina, uno en 250cc y uno en 125cc.
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El lunar que le quedó fue no conseguir su ansiado décimo título en 2015, cuando fue segundo y culpó a Márquez y Lorenzo de un ‘biscotto’ no probado entre españoles, según él ayudando Marc a Jorge para que Rossi no alcanzara el décimo. Su guerra con el ilerdense desde Malasia 2015, donde le acabó tirando tras un largo rifirrafe insensato entre ambos, aún se mantiene viva y afeó su enorme trayectoria en un deporte en la que tuvo muchos enemigos, porque también vivió diferentes episodios polémicos con Biaggi, Giberbau, Stoner y el ya citado Lorenzo. Pese a todo ello, para muchos, era el Michael Jordan de las motos o, como decíamos en AS sin importarnos que no fuera español, Patrimonio de la Humanidad. Gracias Vale.
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