Competición
  • Premier League
  • Serie A
Premier League

F1 | 25 AÑOS DESPUÉS

Ayrton Senna: "El día que no piense en ganar estoy muerto"

Ayrton Senna.

Masaharu Hatano

El 1 de mayo de 1994, el genial piloto brasileño perdió la vida en Ímola. La leyenda brasileña del automovilismo se convirtió en mito con 34 años.

Lo que más deseaba Ayrton Senna en 1994 era ganar con el coche que había hecho campeón a Alain Prost un año antes. No podía soportar que su rival histórico, que con el mismo coche era 1,5 segundos más lento que él en Mónaco, tuviese un título más que él gracias a un Williams que había roto la hegemonía de McLaren Honda. Así que dejó Woking con tres Mundiales (1988, 1990 y 1991) y fichó por la escudería de Sir Frank.

Se subió al FW16 con esa ambición, pero aquel Williams Renault no tenía la ventaja de sus predecesores, su geometría era demasiado arriesgada para paliar la supresión de la suspensión activa. "Era aerodinámicamente inestable", confiesa uno de sus creadores, Adrian Newey, en su autobiografía. Se adjudicó las dos primeras poles por delante de Schumacher, no acabó las carreras. En Ímola, siguiente gran premio, logró la tercera pole consecutiva con una vuelta rápida previa al accidente mortal de uno de sus pocos amigos en el paddock, el piloto austriaco Roland Ratzenberg. Un día después, Senna disputaría su 161º GP.

"¿Si tengo miedo? La muerte tendrá que llegar algún día. Puede ser hoy, o en los próximos 50 años. Es lo único que sabemos, que algún día tiene que llegar", confesó el brasileño en una entrevista con el periodista José María Rubio (autor, junto con Lemyr Martins, de ‘Senna, historias desconocidas, 25 años más tarde’). "El miedo es el límite entre la realidad y la fascinación que despierta el riesgo. El día que no piense en ganar estoy muerto".

Aquel 1 de mayo de 1994, hace hoy 25 años, salió pensando en ganar. Lideraba la carrera por detrás del coche de seguridad después de que Lamy arrollase a Lehto, averiado, en la salida. Se enfriaron los neumáticos, disminuyeron la presión y la altura, su Williams Renault echaba chispas al raspar el asfalto de Tamburello tras el sexto paso por meta mientras intentaba escaparse del Kaiser, que entonces era sólo Michael. En esa curva muchos pilotos abrían la línea para evitar el interior bacheado. Según Newey, "Ayrton no lo hacía, aunque sabía que el coche era aerodinámicamente inestable en baches. Estaba seguro de que podría controlarlo".

El resto es historia: en la séptima vuelta su tren trasero perdió agarre, Ayrton corrigió y cuando el agarre volvió, el coche ya apuntaba al muro. Quebró la columna de dirección, probablemente tras un pinchazo, e impactó a 218 kilómetros por hora. Una varilla de la suspensión penetró en el casco y provocó las lesiones fatales. Con 34 años, la leyenda se convertía en mito.

Más allá de las estadísticas

Senna ganó 41 carreras en la F1, sumó 80 podios y logró 65 poles en 161 participaciones durante once temporadas. Pero su figura trasciende más allá de los números, porque tres títulos y dos subcampeonatos no reflejan sus exhibiciones bajo la lluvia (la más célebre, Donington 1993), su maestría en un circuito tan peligroso como Mónaco (seis triunfos allí, más que nadie) y su carisma como estrella del deporte.