Warcraft III: Reforged
Warcraft III: Reforged
Carátula de Warcraft III: Reforged

WarCraft III: Reforged, Análisis. Un clásico sin el homenaje prometido

WarCraft III vuelve a PC en su edición Reforged. Una versión que prometía volver a situar la franquicia en lo más alto y que está siendo todo lo contrario.

Llevamos desde su anuncio en la BlizzCon 2018 esperando su llegada. Una llegada estipulada para finales de 2019 a la que Blizzard renunció casi al terminar el pasado año. Queríamos echarle el guante a las cuatro horas de cinemáticas rediseñadas, la nueva interfaz, la total integración con Battlenet o los nuevos añadidos en la historia para conectarla mejor con su sucesor, World of Warcraft.

El Remake soñado, lo que los veteranos jugadores de este estratégico juego deseábamos. No fue quizás la mejor Blizzcon de los últimos años pero WarCraft III: Reforged, que así se llamaba esta reimaginación del clásico, nos bastaba. Hasta que llegó al mercado.

WarCraft III: Refunded

El ladillo que da pie a este párrafo lo dice todo. Tanto es así que incluso Blizzard ha habilitado el reembolso automático para todos aquellos seguidores del videojuego que no estén contentos con el resultado final. El revuelo que ha causado el fallido lanzamiento de WarCraft III: Reforged se debe de haber escuchado hasta en el más oscuro rincón de las oficinas de Activision Blizzard.

Se olía desde hace tiempo. Ya había información de que la mayor parte de lo prometido en aquella feria californiana dedicada a los diferentes universos de Blizzard no estaría presente en el producto final. Y no quisimos creerla. Pero así ha sido. La mayor parte de promesas que nos invitaban a soñar se han perdido por el camino y las únicas miguitas de pan que nos quedan son un renovado aspecto gráfico y nada más.

¿Por qué Blizzard nos ha dejado desnudos de pasión? ¿Habrá sido la falta de tiempo? Según la compañía, no, todo tiene su explicación —que también queremos creer— . La única escena cinemática renovada es la que nos introduce al videojuego, pero nada más. La historia sigue tal cual la contaron hace 18 años, ni una palabra más donde no toque. Ambas inalteradas, según ellos, para ofrecer al consumidor la misma experiencia que los jugadores veteranos tuvieron en su día. Sin embargo, las voces sí han sido rehechas y el motivo de ello era para añadirlas a las nuevas cinemáticas y con ello actualizar el pack completo de escenas y historia añadida.

Y todavía hay más. Ni torneos automáticos, ni clanes, ni perfiles, ni clasificaciones, ni renovación de interfaz o campañas personalizadas. O lo que es peor, ausencia total de comandos para el chat de texto. Todo esto afecta también a los jugadores de WarCraft III: Reign of Chaos clásico.

Modo Campaña

WarCraft III: Reforged trata la historia de la Alianza luchando contra la Plaga y de la Horda por salir de su cautiverio para volver a ser lo que siempre fueron, brutales guerreros. Entre pasaje y pasaje, diferentes conflictos azotan Azeroth, entre ellos la Legión Ardiente y el posterior ascenso de Arthas como el Rey Exánime. Si sois jugadores veteranos os sabréis la historia al dedillo, si no, podéis visitar la página oficial donde ofrecen algo más de historia del mismo. No obstante, la trama no se ha alterado un ápice con respecto al original por lo que no hay novedad alguna en este reforjado. Los cambios se encuentran en el aspecto gráfico donde aquí sí, se nos ha dado lo que prometieron.

Ahora los gráficos son en alta resolución llegando hasta los 4K y con modelos repletos de infinidad de detalles en los que perdernos. Sin embargo a pesar de las mejoras Blizzard consigue que el videojuego se sienta renovado pero sin perder la esencia del original. Todo se ha hecho con mucho mimo y a las pocas horas creerás que WarCraft III siempre tuvo ese aspecto. Es una sensación gloriosa. No obstante los escenarios pueden pecar de estar algo vacíos y algunos modelos son algo escuetos, como el de los árboles. Quizás se podría haber trabajado algo más en este aspecto pero nada destacable.

Las misiones —62 para ser exactos— , habilidades de los héroes, construcciones o ejércitos no han recibido cambios, ni tampoco las de los enemigos. Tampoco hay nuevas unidades o adversarios. En este sentido lo único diferente a la edición original es que aquí contamos de serie con la expansión The Frozen Throne. Aunque eso sí, todo poseedor de las copias originales jugarán ahora en el cliente de WarCraft III: Reforged con gráficos adaptados a monitores HD aunque con algunos puntos negativos.

Si eres un jugador de los que en su día se pasaron horas y horas delante de un CRT creando edificios, ordenando a los héroes atacar al enemigo, disfrutando de partidas personalizadas o simplemente explorando todos los mapas al milímetro, estás de enhorabuena. No solo te sentirás como en casa si no que la experiencia es mucho más disfrutable que en la antigüedad. Esto, por supuesto, se debe a la mejora gráfica pero también a que se ha respetado al máximo la jugabilidad del original. Además es muy amigable con los jugadores noveles.

Hasta ahora todo pinta de escándalo. De hecho si sois de aquellos que gustan de jugar alejado de la red de redes, posiblemente notarás en tus partidas que, como mucho, encontrarás errores en la descripción de algunas habilidades y poco más. Lo peor viene cuando nos adentramos en su faceta online.

Modo Online

Y llegamos a quizás una de las partes más delicadas de analizar del videojuego. Había mucha expectación por probar el nuevo editor de mapas —con más herramientas a nuestra disposición—, el sistema de clanes, el de torneos, las partidas clasificatorias o una lista de canales de chat. Todo ello, salvo el editor de mapas, no ha sido añadido según prometieron. Cierto es que Blizzard se ha pronunciado al respecto y llegará, presumiblemente, en una próxima actualización de contenido, pero así no se hace.

Modo Versus para 1vs1 hasta 4vs4 o partidas personalizadas con infinidad de mapas creados por Blizzard o la comunidad y con opciones como modo espectador, velocidad de juego, héroe aleatorio o tipo de visibilidad entre otras. Pero nada de torneos o MMR.

Les daríamos el beneficio de la duda o la paciencia de esperar a un nuevo parche si, al menos, lo que hay funcionara correctamente, porque tampoco lo hace. Desconexiones aleatorias o no encontrar partida suelen ocurrir a menudo e incluso si seleccionamos el mapa de Booty Bay el juego nos dice que no puede entrar en él por contener una palabra ofensiva. Y sí, es un mapa creado por Blizzard y no podemos jugarlo.

La guinda que decora el pastel se la llevan los jugadores de WarCraft III clásico ya que con el lanzamiento de Reforged se ven obligados a utilizar el cliente reforjado y, al mismo tiempo, tragando con los recortes y problemas que sufre. Es decir, pierden todas las características que ya tenían y que nos prometieron.

Por el momento solo queda esperar en este apartado que Blizzard se ponga las pilas ya que desde su lanzamiento hasta el día de hoy no ha habido ningún parche de actualización que corrija o mejore la situación.

No se vayan, todavía hay más

El dilema que tenemos los analistas a la hora de puntuar videojuegos en casos como este es enorme. ¿Puntuamos por lo que tiene y no por lo que falta? ¿Puntuamos a razón de lo que no hemos recibido? Blizzard en realidad lo ha hecho aún más difícil si cabe porque no es solo que no nos hayan dado lo prometido, es que el juego trae faltas básicas de manual.

La interfaz a día de hoy sigue siendo la misma y no está demasiado bien adaptada a las resoluciones actuales. Se hace grande y molesta para navegar por el mapeado. Tampoco hay un menú con el que crear atajos —bindear— si no que hay que hacerlo a través del archivo de texto que se encuentra en la carpeta Mis Documentos. El chat es enorme y no solo no puedes ver qué canales hay activos si no que contestar un privado es incómodo desde el menú principal. Para hacerlo tenemos que abrir con el puntero la lista de amigos, clic derecho, elegir a quién responder y contestar. Olvidaos de intentarlo en mitad de una partida, no es posible ni tampoco existe atajo para ello. Tampoco hay integración total de Battlenet en el juego, adios grupos.

En lo técnico hemos visto un framerate algo inestable, sobre todo en escenas de vídeo generadas por el motor del juego —el original pero hipervitaminado— . También excesivos tiempos de espera totalmente aleatorios en las pantallas de carga o incluso problemas con la velocidad de movimiento del ratón —que no se puede configurar— .

Hay también errores en la paleta de colores para la versión clásica que en teoría se corregirá próximamente pero también, y como hemos indicado párrafos atrás, faltan descripciones de habilidades o sin traducir. Errores gráficos no hemos tenido pero sí hemos comprobado en vídeos e imágenes que existen —como personajes que deberían aparecer en pantalla y no lo hacen— por lo que quizás es posible que haya más errores en otros apartados que no hemos sufrido.

Con el texto y audio —ambos en castellano— tenemos sentimientos encontrados. Nos parece buena idea doblar el videojuego con las voces empleadas por sus homónimos en World of Warcraft pero no parece ser así para todo el público. Además no es posible cambiar a las originales. Por otra parte en esta versión reforjada se han adaptado nombres propios de objetos, ciudades y personajes tal y como son actualmente en el mmorpg de la compañía. Aquí, también, hay disparidad de opiniones siendo la nuestra la de algo correcto y necesario. ¿Entonces por qué no estamos del todo cómodos con estas decisiones? Porque ambas se actualizaron para traer una trama ampliada y nuevas escenas cinemáticas que no han añadido, por lo que creemos que es un trabajo a medio hacer.

El dilema de la nota

Antes de nada hay que decir que WarCraft III fue en su día —y quizás lo siga siendo— uno de los mejores títulos RTS. Con WarCraft III: Reforged se nos ofrece prácticamente lo mismo que ya conocíamos ya que es el mismo videojuego pero con distinta piel. Valorando por separado tenemos un modo campaña increíblemente bueno —aunque un guión mejor hilado le hubiera venido bien— con un acabado bestial. Una experiencia totalmente disfrutable de principio a fin que estamos seguros cualquiera compraría con los ojos cerrados. El problema reside en todo lo demás.

¿Debemos penalizar que se nos haya prometido funciones que no han llegado o han omitido? En cierto modo sí pues así nos lo vendieron pero nuestro deber es analizar lo que tenemos entre manos, no el contenido fantasma. Así pues la crítica final se divide entre una campaña buena y un modo online nefasto al que se le añaden los errores de principiante que han cometido de lanzamiento. Como algo tan absurdo como poder chatear con un amigo en mitad de la partida.

Seguramente estos traspiés se corrijan próximamente como suele ser habitual pero en la actualidad la experiencia de juego no es todo lo agradable que hubiéramos querido. Y es una lástima porque WarCraft III se merecía este prometido Reforged y no un “Refounded”.

CONCLUSIÓN

Blizzard ha hecho un trabajo excelso en darle un soplo de aire fresco a WarCraft III con Reforged en materia gráfica. La calidad de los modelos tanto de personajes como de edificios es excelsa y lo mismo para el apartado sonoro. La campaña sigue siendo una delicia y muy divertida. Sin embargo su faceta online hace aguas por todas partes con un netcode sin pulir, falto de contenido prometido y errores, en general, nada habituales en una empresa que lleva más de un cuarto de siglo creando videojuegos de gran calidad. Parece un producto por terminar.

LO MEJOR

  • Excelente acabado gráfico.
  • El gameplay sigue siendo maravilloso.
  • La campaña sigue siendo bestial y de larga duración.

LO PEOR

  • Sin cinemáticas renovadas ni ampliación de la trama principal.
  • Partidas online que se desconectan habitualmente.
  • Sin torneos, clasificatorias, clanes o perfiles.
  • Desastrosa integración con Battle.net.
  • Carencia de comandos de chat.
  • Atajos de teclado (no todos) a través de un archivo de texto.
  • Errores varios y ausencias no habituales en juegos de tamaño calibre.
5

Mejorable

Puede tener elementos aceptables y entretener, pero en general es una experiencia que no dejará huella.

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