Praise Lord Helix!

Twitch Plays Pokémon: una revolución del streaming y el nacimiento de una religión

Twitch Plays Pokémon cambió la historia de la saga de Game Freak y de la plataforma de streaming más popular. Recordamos las claves de aquel fenómeno que en 2019 cumple cinco años.

Hay pocas sagas de videojuegos tan plurales como Pokémon. Paradigma de diversidad, la franquicia de Game Freak acoge a quienes recorren Kanto para hacerse con todos, a los que surcan los mares de Hoenn en pos de aventura y a quienes exploran Sinnoh para desentrañar mitos y misterios. También hay espacio para los que ansían conocer personajes inolvidables y disputar combates épicos. Desde la partida más casual hasta las batallas competitivas más encarnizadas, Pokémon puede entenderse de mil y una formas. Sin embargo, hay un rasgo que cohesiona a todas las iteraciones, que les otorga un sentido unitario y que resume a la perfección qué es esta saga. Pokémon, por encima de todo, es un fenómeno de masas.

La relación entre una de las franquicias más relevantes de Nintendo y su público, entre el juego y su componente social, es indisociable. A lo largo de 23 años, cifra que alcanzan al publicar estas letras, Pikachu y compañía nos han brindado infinitos ejemplos de su habilidad para crear lazos. Satoshi Tajiri concibió a los monstruos de bolsillo como una oportunidad para que las nuevas generaciones se relacionaran entre sí. Además de recrear sus vivencias en los bosques nipones capturando insectos de toda índole, el programador japonés ideó una obra que no puede entenderse sin intercambiar seres y combatir contra otros entrenadores. Su obra solo puede conjugarse en plural.

Incluso sin el Cable Link, Pokémon ha sido una fábrica de vivencias que compartir. Prueba de ello son los rumores que colapsaron los patios y placetas de todo el planeta, como aquellas habladurías sobre Mew, el otrora más enigmático de los pocket monsters, que convirtieron a la saga en el fenómeno cultural que es hoy en día. La llegada del online reafirma la valía de Pokémon como obra de masas, consolidando la vertiente competitiva del título y rompiendo cualquier barrera idiomática o geográfica para intercambiar y batallar. Casi una década después, la irrupción de Pokémon GO demostró que la pasión por la saga ha sobrevivido al paso de los años y que los monstruos de bolsillo todavía son capaces de congregar a millones de personas frente a una pantalla -o, en el caso de GO, frente a Central Park-. No es de extrañar, por lo expuesto, que uno de los momentos más relevantes de la historia de la saga esté vinculado a un hito social como fue Twitch Plays Pokémon. Un 12 de febrero de 2014, hace poco más de un lustro, Pokémon (re)inventó la cultura del streaming.

¿En qué consistió Twitch Plays Pokémon?

Twitch Plays Pokémon (TPP) fue un experimento social transcurrido en un canal homónimo de la plataforma de streaming de videojuegos más relevante del planeta. La primavera todavía no había florecido en un incipiente 2014 cuando un programador australiano anónimo -la comunidad de TPP lo conoce como Streamer- emitió una partida de Pokémon Rojo que podía ser jugada por miles de usuarios simultáneamente. De ahí el nombre, cuya traducción literal, Twitch juega a Pokémon, sintetiza a la perfección en qué consistió aquella iniciativa. La mente tras TPP se sirvió de poco más que sus conocimientos en Python, el archiconocido emulador VisualBoyAdvance y el precedente de Salty Bet para emitir una partida en la que cualquiera tenía las mismas oportunidades de influir. Los espectadores escribían comandos de acción para el personaje en el chat de Twitch, órdenes de las que Rojo dependía para acometer su sueño de convertirse en Maestro Pokémon. Un torrente de más de 122 millones de comandos, de acuerdo con Twitch, en el que una retahíla de “up”, “down”, “left”, “right”, “A”, “B”, “start” y “select” decidía el sino de la aventura. Las emisiones todavía continúan con otras iteraciones de la franquicia, pero esa premisa inicial no ha cambiado ni un ápice.

Si escribes “up”, Rojo se mueve en dicha dirección. Una lógica simple de no ser porque tienes a varias decenas de miles de personas introduciendo comandos sin control. Incluso contradictorios entre sí. Aun así, TPP funcionó y la partida culminó con Rojo y su equipo de seis criaturas portando su particular su corona de laurel. En su día, muchos nos preguntamos cómo fue posible. Incluso puede ue ese sea tu caso al leer estos párrafos. No obstante, existe un principio matemático que lo explica. Se trata del teorema del mono infinito, ideado en 1913 por Émile Borel en su libro Mécanique Statistique et Irréversibilité. Básicamente, esta tesis defiende que si un número infinito de monos tecleara en un número infinito de teclados, antes o después obtendrías una obra digna de Shakespeare o Cervantes. TPP constituyó una particular aplicación de este teorema en el que un gran número de entrenadores tecleó comandos hasta que los créditos finales anunciaron la victoria.

El teorema del mono infinito, empero, no contempla que los monos se traben entre sí. La idea de Émile Borel no incluía a los miles de trol que boicoteaban la partida enviando inoportunos “start”, comando que entorpecía el avance y forzaba a navegar por el menú durante un tiempo. Incluso eso tornó en algo simbólico, como detallaremos en las líneas venideras, si bien hubo que hallar una forma de organizar el caos. Con tal fin, TPP incorporó dos modos. Uno de ellos es el de la anarquía, en el que la partida sigue las instrucciones de los usuarios sin ningún tipo de coordinación, lo que deviene en situaciones impredecibles. El otro es el de la democracia, que trata de controlar el tsunami de comandos generando votaciones a partir de las órdenes acumuladas en la caché durante cinco minutos. Así, Rojo solo atendería al comando más votado. Este último se impuso para evitar que la partida se atascara durante horas, pero los defensores de lo imprevisible forzaron que se pudiera pasar al modo caótico cuando la mayoría así lo quisiera. De nuevo, otro oxímoron: anarquía democratizada.

Con esa premisa tan sencilla y las normas relativamente claras, TPP se proclamó buque insignia del juego colaborativo -crowdplaying- y en una máquina de récords. Las cifras publicadas por Twitch explicitan la relevancia de esta partida colectiva. Streamer y el público emplearon 16 días, 7 horas, 45 minutos y 30 segundos ininterrumpidos para derrotar al Alto Mando, vencer a Azul y coronar a Rojo como el mejor entrenador de Kanto. Durante ese periodo, la emisión de Pokémon Rojo sumó un total de 36 millones de visitas únicas y más de un billón de minutos visualizados. Para que os hagáis una idea de la relevancia de estos guarismos, Twitch sumó 12 billones de minutos vistos en todo 2013. De mantener su popularidad, TPP hubiera alcanzado dichos registros en seis meses; la mitad de tiempo. El pico de audiencia de la emisión llegó a los 121.000 espectadores simultáneos, suficiente para batir a titanes como League of Legends, DOTA 2 y Counter Strike durante múltiples momentos del streaming. Gracias a esos picos de espectadores, TPP congregó a un 20 % de los usuarios de la plataforma. El éxito estadístico de los 151 monstruos de bolsillo originales en Twitch es inapelable.

El conflicto entre pokéanarquía y pokédemocracia

Allende los datos, no obstante, TPP es un relato desbordante de épica y matices. Desde Pueblo Paleta hasta la Meseta Añil, en la travesía de Rojo hubo espacio para la fe religiosa, el conflicto político y, cómo no, el humor característico de la red. Las dos semanas de experimento videolúdico sirvieron para que los espectadores crearan su propia diégesis complementaria a la de Pokémon, un universo narrativo repleto de mitos y memes. El camino hacia la gloria lo anduvieron ídolos venerados, falsos profetas y un equipo de seis criaturas sin los que ya no se concibe a la pokécomunidad.

Ni siquiera es necesario narrar alguna batalla memorable o recordar una captura crucial para hallar las primeras muestras de ese universo made in Twitch. Basta con analizar el propio sistema de organización de los comandos para comprender la capacidad de TPP a la hora de generar relatos. La anarquía y la democracia, bautizadas así por la propia comunidad, representan dos formas opuestas de aproximarse a la partida. El primer modo aporta la magia de lo imprevisible y el frenesí del descontrol, atractivo para decenas de miles de espectadores hambrientos de sorpresas y caos. La partida arrancó con ese sistema, pero Streamer acabó introduciendo el modo democrático para superar ciertos tramos del juego imposibles de superar sin un mínimo de coordinación.

De la anarquía, de la emoción de la locura, se pasó a la democracia, el reino del orden y los resultados. No obstante, como hemos explicado anteriormente, la fórmula final posibilitó que imperara la anarquía cuando así lo votara la mayoría, dejando margen para esa imprevisibilidad que hizo tan especial a TPP. La relación antagónica entre pokédemócratas y pokéanarquistas es fundamental para entender el fenómeno y una metáfora de la vida misma. Aquel conflicto pseudopolítico ejemplifica cómo debemos ponernos de acuerdo para avanzar y lo crucial de alcanzar mayorías por el bien del colectivo. Mas también es un canto a la libertad individual y a la creatividad, a la ruptura de las limitaciones que la sociedad nos impone desde la cuna. Quizá por ese potencial análogo, que trasciende la partida y puede aplicarse a la vida real, los espectadores se identificaron tanto con un bando u otro. Había quien entendía que la anarquía era la forma correcta de jugar, puesto que el orden solo tenía sentido en una partida tradicional, y quien priorizaba el éxito. Dos formas completamente opuestas de entender la diversión que derivaron en una rivalidad férrea. Lo más relevante, eso sí, es que el público fue capaz de cooperar y encontrar un punto intermedio que no reparara en regalar instantes de locura arbitraria, pero que fuera útil para ingresar en el Hall de la Fama.

A pesar de la organización mínima de la que este sistema político dotó a TPP, la partida no estuvo exenta de dificultades, especialmente cuando reinaba la anarquía. Algo tan simple como entrar en un Centro Pokémon podía acabar con la salud del equipo restaurada o, en el peor de los casos, algún miembro vital para la causa liberado mediante el PC. No hubo batalla libre de tensión, ni siquiera en los encuentros más asequibles contra criaturas salvajes de bajo nivel. Pensad en lo que suponía alzarse victorioso contra entrenadores de prestigio como los líderes de gimnasio. O lo frustrante que podía resultar quedarse a un solo golpe del triunfo porque un comando inoportuno consideró que usar Ataque Arena, Gruñido o similares con pocos puntos de salud era buena idea. Del mismo modo, capturar un Pokémon dependía de que en torno a 100.000 personas se pusieran de acuerdo para no huir de la lid, debilitar lo suficiente al monstruo de bolsillo, acceder al menú y seleccionar una Poké Ball. TPP fue muchas cosas; jamás un viaje apacible.

La cantidad de mensajes resultó tan ingente que ni la democracia logró bautizar a los Pokémon capturados con motes normales. Al simpático Charmander que hizo las veces de inicial de Rojo se le denominó “ABBBBBBK”. Un Rattata capturado al poco de arrancar la aventura no corrió mejor suerte y acabó respondiendo al nombre de “JLWNNOOOO”. Ante el riesgo evidente de tragarse su propia lengua al pronunciarlo o sufrir un esguince en los dedos al teclearlo, los fans optaron por sustituirlos por una adaptación. “Abby” y “Jay Leno”, como se les terminó conociendo respectivamente, son la prueba fehaciente de que hasta los motes sucumbieron al descontrol de comandos en el chat.

Abby y Jay Lenno triunfaron en decenas de combates hasta convertirse en verdaderas referencias del equipo. Junto a Pidgeot, criatura que bien merece su propio párrafo, ambos aspiraban a liderar la partida hacia la victoria. Contar con un par de Pokémon bien entrenados en un juego en el que farmear y sacar monstruos de bolsillo al combate depende de la voluntad de los comandos era, como mínimo, un milagro. Empero, el anhelo de recorrer Kanto a lomos de un flamante Charizard duró poco. Tras más de 100 horas de juego, Abby y Jay Leno acabaron siendo liberados. Una tragedia para los demócratas, deseosos de confeccionar un equipo de confianza, puro gozo para los anarquistas, ansiosos de más situaciones como la descrita.

La comunidad, no obstante, se repuso y consiguió capturar otro Rattata al que acabaron denominando “DigRat”. Su mote no es casual, pues este monstruo de bolsillo obligó a Rojo a reiniciar el Túnel Roca en diversas ocasiones usando Excavar, lo que lo condenó al ostracismo del PC de Bill. Al menos hasta la guarida del Team Rocket, un zulo repleto de plataformas giratorias que desplazan al avatar en múltiples direcciones. Esta zona ya es lenta y molesta per se, pero lo ocurrido en TPP fue directamente delirante. Costó más de 24 horas de juego ininterrumpido llegar hasta Giovanni, el líder del Team Rocket, y derrotarlo. Y cuando por fin faltaban apenas unos pasos para adquirir el visor Silph y poder resolver el misterio de Pueblo Lavanda, DigRat usó Excavar y hubo que empezar desde el principio. Con experiencias así y teniendo en cuenta que cortar un mero árbol implicó seis horas, todavía nos sorprende que TPP tardara tan solo 16 días en completar su hazaña.

Más que un fenómeno, una religión

Queda claro que el margen para definir un equipo balanceado y polivalente, requisito clave para vencer combates y avanzar en el overworld, era nulo. Incluso en democracia, sobran ejemplos de que culminar el viaje de Rojo no fue ni mucho menos sencillo. Sin embargo, es precisamente esa dificultad añadida, ese barullo constante, lo que convirtió a TPP en la partida de Pokémon Rojo más especial jamás jugada. No es de extrañar que al equipo que acabó batiendo a Azul se lo considere una auténtica constelación de estrellas, verdaderos dioses en torno a los que crear una religión, por lo épico de su gesta. Omastar, Pidgeot, Zapdos, Nidoking, Lapras y Venomoth son los héroes que nadie que presenciara TPP olvidará jamás.

El Pokémon más especial de esta iniciativa fue, sin duda, Pidgeot. Combate a combate, comando a comando, la grácil ave se ganó el sobrenombre de “Bird Jesus” por su desempeño durante la partida. No es para menos, pues Pidgeot acabó convertido en un verdadero mesías. El simple hecho de que la mente colmena de TPP lograra su captura ya puede catalogarse como un milagro. Eso sí, Pidgey hizo algo más que sobrevivir al caos y la anarquía; el salvador se alzó entre todos los demás. Ya fuera en su etapa inicial, como un poderoso Pidgeotto o como un divino Pidgeot, este Pokémon batió a infinidad de criaturas salvajes, entrenadores y gimnasios. Sus dotes de liderazgo y su capacidad para sobreponerse a las adversidades lo tornaron en un personaje bíblico, alguien digno de un mote mesiánico como Bird Jesus. Quizá influyera el pequeño detalle de que Pidgeot era de los pocos integrantes del equipo a un nivel aceptable y capaz de hacer algo útil durante gran parte de la partida, pero el propósito de este texto no es ni mucho menos cuestionar al salvador. Hélix nos libre. Una expresión, esta última, que sirve para introducir a la auténtica deidad, el todopoderoso fósil Hélix.

Amén de una pugna política entre demócratas y anarquistas, en TPP también hubo lugar para la religión. Bird Jesus se erigió como mesías, mas el fósil Hélix que Rojo recibe en el Monte Moon protagonizó aún más oraciones. Los fósiles son objetos de los que uno no puede desprenderse, si bien no ocurre nada al tratar de usarlos. Su única función es contener los restos de un Pokémon extinto, Omanyte en este caso, que devolver a la vida en el laboratorio de Isla Canela. Como el comando “start” aparecía con frecuencia en el chat y era una forma muy sencilla de que los anarquistas y trols interrumpieran la partida, TPP invirtió mucho tiempo en el menú. De hecho, como protesta por el modo democrático, los partidarios de la anarquía crearon “start9”, un comando que multiplicaba por nueve los “start” ejecutados por el emulador. Eso derivó en horas divagando por la mochila de Rojo y en múltiples intentos de “usar” el fósil Hélix, que acabó considerándose como una suerte de objeto mágico al que el entrenador acudía para esclarecer su futuro. ¿Qué respuestas puede dar un fósil? Ninguna. A menos que en realidad se trate de un dios, cariz divino que la comunidad otorgó al fósil Hélix y que lo convirtió en el meme más popular de la aventura.

Zapdos y Flareon, dos momentos para el recuerdo

Pese a contar con ayuda divina, el camino de TPP estuvo plagado de baches. Coordinar los esfuerzos de tanta gente era una labor ardua aun cuando la partida se regía por el modo democrático. En anarquía, la tónica dominante era la frustración absoluta. Todo aquello que no fuera chocar contra las paredes, liberar a Pokémon valiosos o divagar por el menú de objetos podía tildarse de logro. Sin orden, la partida se atascaba con suma frecuencia. Eso sí, el acierto más humilde tornaba en un instante para la eternidad. La anarquía dotaba de cierta magia a circunstancias que en cualquier otro contexto serían mera rutina. Capturar a un Pokémon salvaje con éxito, obtener una medalla o completar una mazmorra provocaban júbilo entre el respetable.

Con ello en mente, no hay palabra en el diccionario capaz de describir el impacto que causó que Rojo atrapara a Zapdos con el modo anarquista activado. Ya fuera por huir del combate en el momento menos oportuno o por debilitar a Zapdos cuando todo estuviera listo para su captura, las probabilidades de unirlo al equipo eran mínimas. Hacerse con un Pokémon de esa índole es especial en cualquier partida, pero TPP nos hizo entender el verdadero significado de “legendario”. La tensión, permanente. La emoción, indescriptible. He ahí la magia de aquella partida colectiva, un argumento de peso para los que defienden las virtudes de la anarquía.

La captura de Zapdos, al menos para la comunidad, reafirmó la existencia y bondad del omnisciente fósil Hélix. También hubo, no obstante, desdichas como la liberación de Abby y Jay Lenno. O desgracias incluso peores. No hay luz sin oscuridad, especialmente en la teología, por lo que TPP achacó el infortunio a la influencia maligna del fósil Domo, el que contiene los restos de Kabuto y en el universo imaginado por los fans ejerce como contraparte diabólica de Omanyte. A él se le achacan los peores momentos de la aventura, como la tragedia del falso profeta. Y es que si Hélix tenía en Bird Jesus a su mesías entre los mortales, Domo contaba con Flareon, un siervo traidor.

El Eevee que podemos obtener en Ciudad Azulona durante nuestros viajes a Kanto estaba llamado a desempeñar un papel fundamental en esta partida. Para incluirlo en el equipo no había que rezarle a Hélix para que los comandos fueran piadosos, sino que es obtenible como un regalo. La importancia de la mascota de uno de los recientes Let’s Go de Switch radicaba en su potencial evolución en Vaporeon, lo que le permitiría aprender Surf y que el avance en el juego fuera más sencillo. Un Pokémon crucial, poderoso y de obtención harto sencilla. Casi parecía un obsequio de cierto fósil divino. Sin embargo, su evolución no se produce al subir de nivel, sino al ser expuesto a una Piedra Agua, objeto que hay que comprar en el centro comercial de Ciudad Azulona. Una tarea asequible, ¿verdad? En TPP, nada lo es. Los caprichosos comandos hicieron que Rojo adquiriera una Piedra Fuego y que Eevee evolucionara en Flareon, lo que anuló cualquier esperanza de usar Surf sin preocupaciones. Al instante, la comunidad percibió en Flareon a un enviado del malvado fósil domo, un profeta del mal y el símbolo de los partidarios de la democracia. Esto último resulta bastante irónico teniendo en cuenta que su fallida eeveevolución transcurrió durante el modo anarquista.

El legado de Twitch Plays Pokémon

La primera partida de TPP concluyó el 1 de marzo de 2014, a los 16 días de arrancar este experimento. Su éxito fue tan rutilante que resultó imposible no darle continuidad, sobre todo valorando la cifra de ediciones de Pokémon que Game Freak ha creado a lo largo de más de dos décadas. Todavía exaltados por el triunfo, la comunidad emprendió un nuevo proyecto, esta vez jugando a Pokémon Cristal. Quizá fuera por la experiencia acumulada, pero tan solo costó 13 días llegar hasta lo más alto del Monte Plateado y derrotar a Rojo, el último rival de los títulos emplazados en Johto. Una hazaña meritoria teniendo en cuenta que los gimnasios a batir ascienden a 16, el doble que en la edición Roja. Aquella última lid deparó una gran sorpresa para los acérrimos del fenómeno; el equipo final de Rojo era el mismo con el que concluyó el primer TPP. La modificación fue intencionada y el autor la justificó expresando que el propósito de Game Freak al utilizar a Rojo como jefe final era que los jugadores se batieran con su alter ego del pasado. Por lo tanto, el último equipo a derrotar no podía estar compuesto sino por Pidgeot, Omastar, Lapras, Nidoking, Zapdos y Venomoth.

Más adelante y hasta el presente, el proyecto ha tenido continuidad. Ha habido pausas de algunos meses entre temporadas -actualmente está en marcha la sexta-, pero TPP sigue tan vigente como el primer día. Los espectadores han participado en todo tipo de aventuras, desde versiones originales de títulos como Esmeralda y Platino, hasta otras completamente distintas gracias a hack roms como Prism y Ash Gray, pasando por otras ligeramente modificadas como Blaze Black 2 y Storm Silver. Actualmente, en TPP puede gozarse de Pokémon Burning Red, un hack que permite alternar entre las ediciones Rojo y Rojo Fuego conservando criaturas, dinero y la mayoría de objetos. Entre los proyectos con el sello oficial de Game Freak y aquellos desarrollados por los fans, la iniciativa tiene visos de extenderse hasta el infinito. Quizá no haya habido una partida tan emblemática como aquella con la que empezó todo, mas el final de TPP, como el de la propia saga de Pokémon, se nos antoja lejano.

Pikachu revolucionó la cultura del streaming

A lo largo de más de 20 años, Pokémon se ha servido de plataformas más que consolidadas, trampolines sólidos con los que catapultar sus proyectos hacia el éxito. Era una simbiosis mutualista, aquella de la que se benefician ambos organismos. Indudablemente, los pocket monsters enriquecieron sobremanera todo hardware al que arribaron, pero también se beneficiaron del éxito que ya poseían dichas máquinas.

El desarrollo de las ediciones pioneras, Rojo y Verde, se prolongó durante seis largos años, entre 1990 y 1996. Para entonces, por revolucionario que fuera Pokémon, Game Boy ya devoraba pilas en los hogares de todo el mundo. La emblemática portátil contaba con un parque de consolas asentado y auténticos best-sellers como Tetris y Super Mario Land, con 30 y 18 millones de copias vendidas respectivamente en todo el globo, de acuerdo con VGChartz. Es cierto que las ediciones originales de Pokémon hiperbolizaron el éxito de la máquina monocromática hasta erigirse como los títulos más vendidos del sistema, mas el fenómeno Game Boy ya era una realidad antes de la pokémanía. Su aportación al juego en línea en portátil fue más relevante, si bien nadie vincula la revolución del online al papel que desempeñó Pokémon. Con los smartphones sucede algo similar al caso de Game Boy; Pokémon GO representó un lujoso ático en un edificio cuyos pétreos cimientos construyeron compañías como King y Supercell. El juego en móviles estaba plenamente democratizado cuando Niantic pobló continentes enteros de poképaradas.

El caso de Twitch, empero, es excepcional y afianza a Pokémon como un fenómeno de masas con la influencia suficiente como para convertir a una plataforma de streaming en ciernes en la más popular del planeta. En el presente, Twitch es la web de emisión en directo por excelencia y un gigante imbatible del ocio contemporáneo. Su papel en la cultura popular actual es cada vez más relevante y empieza a sustituir a YouTube como hogar para los nuevos amantes de los videojuegos.

A lo largo de 2018, los usuarios de Twitch han visionado 434 billones de minutos de contenido, de acuerdo con los datos ofrecidos por la plataforma. Una cifra de la que presumir, especialmente si se compara con los 355 billones de 2017 y que deja ojiplático si se contrapone a los 12 billones de 2013. Desde Dota2 y League of Legends hasta Overwatch y Fortnite, pasando por Ninja y Disrespect, hay centenares de juegos y creadores de contenido que han contribuido de forma inestimable a tal crecimiento. Sin embargo, TPP superó a varios de esos títulos durante múltiples momentos de su emisión original, acumulando hasta el 20 % de los usuarios totales de la web. Sus guarismos prueban que el rol de la saga de Nintendo en la consolidación de Twitch fue valiosísimo. No lo logró en solitario, pero comandó a la emisión en vivo hacia su popularización. Pokémon, en cierto modo, desentrañó el poder que hay en el interior del streaming, una primera piedra para convertirlo en una de las formas de ocio más destacadas del presente.

Pokémon Rojo

Pokémon Rojo, desarrollado por Game Freak y distribuido por Nintendo para la eShop de Nintendo 3DS, es una reedición del RPG original de Game Boy con todas sus virtudes intactas; llega junto a Pokémon Azul.

Pokémon Rojo