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Copa Sudamericana

PIONERAS | CARMEN VALERO

“Me prohibieron correr 10 km, era mucho para una mujer...”

Carmen Valero, una de las pioneras del atletismo en España.

Gorka Leiza

DIARIO AS

Carmen Valero (Castelserás, Teruel, 1955) fue la primera atleta española en unos Juegos, Montreal 1976, derribó la puerta en años duros. “Tuve que ganar dos mundiales de cross para dejar de ser invisible”, dice a veces. Esta es su historia. Comienza con un cascabel en el pie.

Usted empezó a correr con un cascabel...

A los ocho años. Vivíamos en Cerdanyola y allí todo son montañas. Yo iba para arriba, para abajo, para un lado, otro, y mi padre no sabía ni donde estaba. Por eso me lo pusieron. Me llamaba, yo movía el pie y decía: "Estoy aquí" (ríe). Y así mi padre estaba más tranquilo.

¿Por qué empezó a correr?

Me lo pedía el cuerpo. Mi juego era hacer carreras con los chicos. "Oye, vamos hasta la plaza, damos la vuelta y ahí arriba la meta". Con 12 años pasaron unos señores corriendo por ahí, por Cerdanyola. "Señor, señor ¿dónde me tengo que apuntar para correr?", les dije. "En Sabadell, que aquí no hay equipo". "Papá, ya sé dónde hay que ir para correr", dije en casa. "¿Dónde?". "En Sabadell". "No me creo que te hayan dicho tan lejos". "Que sí, papá, que sí". "Bueno, se lo preguntaremos a la tieta Felisa". Era hermana de mi padre y vivía allí.

¿A cuánto está?

Siete u ocho kilómetros. No mucho pero entonces sí. Tenía que ir en autobús, andando o en bici, muy largo.

Y allí que se fueron.

El mismo domingo. Unos barrancos había... Al llegar encontramos al entrenador, que me dijo: "Ah, ¿quieres correr?". Yo iba con unas Victoria. Volví al día siguiente, corrí media hora. El entrenador me dijo: "Para ser el primer día está bien". ¡Y yo me fui a un rincón a llorar! Quería correr más.

¿Era raro que una chica quisiera correr entonces?

No, no. Había más mujeres. Lo mío fue curioso porque empecé un lunes y el domingo había una carrera. Yo no podía correrla porque no tenía licencia. Entonces me dijeron: "Nena, ¿quieres venir?". "Sí". "Pero tendrás que correr con otro nombre". "Vale". Yo lo que quería era correr, daba igual cómo. "Serás Teodora Rodríguez". Yo dije: "Madre mía, cuando llegue a casa me apunto el nombre, que no voy a saber cómo me llamo". Ese día quedé novena y, el domingo siguiente, corrí el Cross de Montjüic y fui tercera.

¿Dos semanas después ya?

Sí. Es que me gustaba taaanto. Para mí no había otra cosa.

¿Ganaba a los chicos en las carreras en la plaza?

Sí. No querían correr conmigo. Me decían: "Todos menos tú, eh. Tú te quedas aquí para ver quién llega antes". Sí, sí (ríe), es curioso. Luego hacíamos también carreras con bicicleta, y ahí también les ganaba.

¿Qué pasó tras esa primera prueba en Sabadell?

Que mi padre dijo: "¿Cómo voy a consentir que estés siempre con el autobús, para arriba, para abajo?". Y nos fuimos a vivir a Sabadell. Mi padre cambió de trabajo, mi hermana de escuela, la otra de instituto...

Para que usted corriera...

Es que mi padre me veía tan ilusionada... Ni sabíamos que se ganaba dinero con el atletismo. Mi tía me había ofrecido quedarme en su casa. Pero mi padre se negó. "La familia debe estar junta". Eso no lo podía consentir. Por desgracia murió con 57 años.

Carmen Valero, por primera vez campeona del mundo de cross.

Muy joven.

Mucho. Era todo mi apoyo. Me quedé como vacía. Estoy segura que, aparte de mi lesión de rodilla, si hubiera estado mi padre yo habría seguido más tiempo compitiendo.

¿Le dio tiempo a verla triunfar?

Le dio tiempo a verme competir. A los 21 había sido campeona del mundo de cross. Venía a verme siempre.

Usted fue la primera atleta española en competir en unos Juegos. ¿Cómo fue eso?

Por las marcas. Si no tenías unas mínimas no podías ir. De todas maneras me fue fatal. En esos Juegos, Montreal 1976, estaba súper bien. En la pista de calentamiento anexa a la de competición... ¡Todos los entrenadores me cronometraban cuando hacía mis series! El mío les decía: "Es que puede ganar el 1.500, lo puede ganar". "Sí, ganar, ¡ja!", pensaba yo. Pero veía que estaba súper afinada. Hasta que hicimos la serie de los 1.500.

¿Qué pasó?

Que en los últimos 300 metros yo iba delante, y tiré, y a falta de 150 una rival me pasó por dentro y otra por fuera. La que iba por dentro me pegó un empujón y me tiró. Y ahí yo ya había hecho el último esfuerzo. Y volver a esprintar era muy complicado. Ha sido el peor disgusto que he tenido en mi carrera.

¿Había más mujeres en la delegación española?

En natación y otros deportes sí. En atletismo, no. Me trataban como a un muñeco. "La niña, la niña", decían. Estuve tan apoyada por todos que no me importaba ir sola, la verdad.

Logró 25 títulos nacionales, fue campeona del mundo dos veces. Lo ganaba todo.

Y en una carrera corta. Que yo sólo corrí hasta los 25.

¿En qué año lo dejó?

En 1980. Que en 1982 nació mi hija y tuve un enfado con la Federación porque siempre eran los chicos, los chicos..., y las chicas no sabíamos ni donde teníamos que ir a competir.

¿Así era?

Sí. En los últimos cinco minutos de las reuniones decían: "Ay, ¿y a las chicas dónde las mandamos?". Como diciendo: "Ostras, qué problema ahora". Había un momento que te hartabas. ¡Si había sitios a los que no nos dejaban ir porque decían: "Vosotras no podéis correr cien kilómetros"!

¿Por qué?

Porque eras mujer y la mujer no podía hacer ese esfuerzo. Yo iba a Alemania y corría con mi braguita y venía aquí y tenías que ir como machos.

"Mi juego de niña era echar carreras con los chicos a la plaza"

¿Le insultaban mucho?

El típico "vete a fregar". Pero yo tenía mucha suerte porque corría siempre con compañeros y ellos contestaban: "Ya podría usted correr como ella". Ni tenía que hacerlo yo.

El cross fue su competición. Campeona de España seis años seguidos, campeona del mundo dos. El primero fue en Chepstow, 1976.

Recuerdo perfectamente aquella carrera. En mi primer campeonato del mundo, en Rabat había quedado tercera. Antes de correr, la Federación dio una charla a los chicos. A nosotras, ni caso. "¿Qué no se hace la reunión?", pregunté yo. "No, ya la hemos hecho: haced lo que podáis. Las mujeres sois unas culonas y unas pechugonas". En la carrera fui por delante con Kazankina, la rusa, la más fuerte. A falta de un kilómetro ataqué y, al llegar a la meta, vi al de la Federación y le dije: "Mira como ganan las culonas y pechugonas". "Perdona, disculpa", me dijo. "No, no, si la manera de pensar ya se ve", le dije.

De la propia Federación...

Sí, sí. Para las chicas nunca había presupuesto, para los chicos sí.

¿Usted podía ganarse la vida con el atletismo?

No, no. Yo con 14 años ya ayudaba en mi casa. Planchaba en una tienda. Estudiaba, entrenaba y trabajaba. Hacía las tres cosas.

Los hombres recibían un millón de pesetas (6.000€) por ser campeones del mundo entonces, ¿y usted?

A mí cien mil (600€). Por fortuna eso hoy en atletismo, se ha igualado. Las becas están por marcas y la gente cobra por las marcas que hace. Pero, ¿sabes?, si yo hubiese estado ahora no hubiera disfrutado tanto como lo hice. Yo corría la competición que quería, hacía el deporte como yo quería, sin sponsor, que es muy distinto.

¿Cómo eran las instalaciones entonces?

De ceniza. La única cosa.

¿Ídolos tenía?

A Colette Besson, que corrió los 400 metros en los Juegos de México y ganó y Belén Azpeitia, a quien tenía como un ídolo, como un dios.

"Llegué muy afinada a Montreal. Luego fue el peor disgusto de mi carrera"

Una de sus grandes rivales.

Ella me quería ganar a mí y yo la quería ganar a ella. Recuerdo un campeonato de España de cross en Gijón, a cien metros de la meta, le di un poco en la espalda y le dije: "Belén, pasa". Pero mi entrenador, que estaba a cinco metros, me dijo: "¿Pero qué haces? Tira, tira…". Y yo me colapsé y tiré. Pero mi intención era esa: no quería ganarla, sólo demostrarme a mí misma que podía ganarla. En ese momento para mí era lo más grande. Ganaba todos los cross. Ese fue el primero que le gané yo.

¿Y de hombres?

Mariano Haro. Él ocupaba todos los reportajes y nos dejaba un poquito a los demás (ríe).

¿Usted trabajó en una caja de ahorros?

Empecé en 1977 y he estado 41 años, hasta este 2018.

¿Le pusieron alguna vez problemas para competir?

No, nunca. Me cambiaban el horario y, si tenía que ir a un campeonato, lo cogía de vacaciones. ¡Cuando llegaba verano ya no tenía ni un día ya! Pero no me importaba. Me daba tiempo a estudiar, a entrenar y a trabajar. Si algo te gusta siempre le encuentras tiempo.

La Asociación Española de Estadísticas de Atletismo (AEEA) la considera la mejor atleta española del siglo XX...

Pues mira, yo me he dado cuenta cuando los periodistas habéis empezado a hacerme homenajes (ríe). Pero yo eso no lo pensaba. Yo lo único que quería era correr, correr, correr, correr. ¡Yo era de las que esperaban la hora para ir a entrenar!

Al año siguiente de Chepstow, volvió a ser campeona del mundo. Düsseldorf, 1977.

Y las rusas seguían estando ahí. El primer año no me vigilaban pero ese segundo ya sí. ¿Qué pasó? Que yo el día antes de la carrera había ido a mirar el circuito. Para ver donde era mejor pasar, donde estaba la zona de confort... Cuando vi una subida bastante pronunciada en el último kilómetro me dije: "Aquí lo tengo".

¿Por qué?

Porque no se esperarían un ataque a un kilómetro de la meta, con esa subida. Cuando quisieron pillarme yo ya había llegado a meta. Siempre fui más de subida que de bajada. El primer año no fue TVE, pero ese ya sí. Salí en el Hola, incluso (ríe), en el Hola y en Lecturas. Cuando fui mamá.

Por qué dejó el atletismo.

Carmen Valero, en el Maratón del Día de la Mujer en Madrid.

Lo dejé porque la Federación ponía problemas un día, otro... Cuando tuve a mi hija no hice nada en dos años. Corría suave y ya. Pasado ese tiempo, entrené mes y medio y dije: "Voy a correr el campeonato de España". Cuando me vieron aparecer me dijeron: "¿Qué vienes a hacer?". "A correr". "Sí, venga... Si no ganas no vas al campeonato del mundo".

¿Y ganó?

Sí. Y el de la Federación me dice: "Estás clasificada para el campeonato del mundo". ¿Y sabes qué le contesté?

¿Qué?

"Te pones una falda y vas tú por mí". Lo que me había dicho no era un desprecio a mi persona sino a la mujer. Y no fui.

Donde sí lo hizo fue a recoger en 2017 un premio concedido a Kathrine Switzer, otra pionera: la primera en terminar un maratón con dorsal, el 261, en Boston 1967.

Ella empezó antes. ¿Has visto la foto de aquello? Ella corriendo y se la ve cómo la empujan, la tiran de la camiseta, para echarla. Pero al final llegó.

Después Kathrine declararía que ella sólo quiso llegar por todas las mujeres que corrían. ¿Por qué recogió usted su premio?

Ella no podía. Su marido estaba enfermo y no podía viajar, dejarle solo. Me mandó un whatsapp. Me dijo que mis momentos habían sido aún más complicados que los suyos, que me admiraba mucho y que le encantaría que yo recogiera el premio en su lugar

Usted medía 1,69, 49 kilos.

Era muy delgada. Ahora me sobran unos cuantos eh (ríe).

¿Tenía alguna restricción para comer?

No tenía ninguna dieta. ¡Mi madre me hacía arroz y me echaba unos trocitos de pollo! Yo era de comer poco y entrenar mucho.

-¿Cuánto?

Pues mira, me levantaba a las seis de la mañana y me iba a entrenar. A las nueve, a trabajar y, cuando salía, a las ocho, volvía entrenar hasta las diez u once. Y muy a gusto. Mi problema era el día que no podía ir.

¿Por qué cross?

Porque eso de dar vueltas y vueltas a mí tampoco me gustaba mucho. A mí me gustaba más correr por el bosque. Por eso creo que al cross me entregue de otra manera.

¿Cómo ve el atletismo femenino?

Se está igualando al hombre. Fíjate, en mi época, en una competición en Castro Urdiales de 10 kilómetros, el presidente de la Federación me prohibió correr. ¡Que eso era mucho para una mujer! ¡Cuando yo entrenaba 25 cada día! La corrí, claro. Y me hizo ir a Madrid por haberle desobedecido. ¡Me sancionó! Aún guardo la carta.

¿Corre algo hoy en día?

No puedo por la rodilla. Y, luego, también tengo en el pie una llaga. Me he tenido que operar dos veces ya. Es de un mal apoyo. En mi época no se estudiaban esas cosas. A mí me miraban las pulsaciones y poco más. Daba igual que pisaras al revés que al derecho.

Usted siempre fue muy combativa contra el dopaje. ¿Se veía algo entonces?

Yo siempre pasaba los controles antidopaje. Siempre me tocaba hacerlos. No sé por qué. Si porque iba sola o porque les hacía gracia. Y encima yo no bebía agua ni para entrenar. Y tardaba mucho. Y siempre con alguna duda porque, cuando tomas algo, ya puedes tener una receta del médico que quien lo pagas eres tú. De medicamentos nada. Yo me acuerdo que tomaba unas vitaminas, Prevalon. Y lo decía y se reían de mí. Y yo pensaba: "¿Por qué se reirán estos tontos?". Pues eso, de que tomara Prevalon..., que eran unas sales (ríe).

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