Un problema llamado Zubimendi
Xabi Alonso avisó al Real Madrid de las carencias en el medio del campo y de que el hoy jugador del Arsenal debía ser fichado.


Cuando aterrizó Xabi Alonso en Valdebebas el pasado verano se encontró un club que le daba plenos poderes para intentar trasladar su fórmula triunfal de la Bundesliga (campeón invicto con el Bayer Leverkusen en la temporada 2023-24) a un Madrid que necesitaba tener un impulso presuntamente modernista tras la marcha de Carlo Ancelotti, el técnico más laureado de la historia del club (15). La dirección deportiva del Madrid ya había dado pasos firmes para apuntalar la defensa con la contratación de Trent Alexander-Arnold (10 millones de euros), Huijsen (58) y Álvaro Carreras (50). A ellos se unió Franco Mastantuono (63), una gran promesa del fútbol argentino que iba a reforzar la medular y el ataque por la banda derecha.
Pero el tolosarra avisó que le faltaba en su proyecto un jugador que fuese la aguja del compás, un Kroos asumiendo que el maestro alemán es irrepetible. En su Bayer triunfal ese papel lo protagonizó con brillantez Granit Xhaka. El suizo era un mediocentro defensivo con mucha calidad para sacar la pelota jugada y con gran capacidad para lanzar los contrataques con sus carrileros (Frimpong y Grimaldo). Avisó a la planta noble del Bernabéu que de lo que había fichable el que más le gustaba era Martín Zubimendi.

El precio era asequible, entre comillas, entre 60 y 70 millones de euros. El problema fue que el Arsenal de Arteta ya había movido ficha por el donostiarra. Aun así, el hecho de que los representantes del técnico guipuzcoano coincidiesen con los de Zubimendi abría una puerta, dado que el internacional español esperó unos días convencido de que si había una posibilidad de fichar por el Real Madrid y con Xabi al mando era una opción irrechazable para su carrera profesional.
El club blanco dudó y cuando hizo amago de tantear la operación ya era tarde. Nunca lo vieron claro y el Arsenal oficializó su contratación dos semanas más tarde de lo que hubiera querido. Desde entonces, Xabi siempre se quejó privadamente con su staff de que con Tchoaumeni, Camavinga, Valverde y Bellingham tenían cuatro grandes jugadores y despliegue físico a raudales, pero ninguno con el porte para ser el ancla del equipo tanto en el repliegue intensivo como en la creación del juego tras la recuperación tras pérdida.
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Hizo varios experimentos, pero ninguno funcionó. Y en esa búsqueda se quedó capada su idea del juego, empezando por asumir que la presión alta estaba condenada al fracaso al tener a dos jugadores como Vinicius y Mbappé, que no estaban por la labor de hacer lo que sí ha hecho Dembélé en el PSG con Luis Enrique. Conclusión: con el ‘no’ fichaje Zubimendi, el bebé ya vino de nalgas…
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