REAL MADRID

Bale no cambia

Salvo en el primer año de Zidane, que llegó en enero, todas las temporadas del galés con el técnico responden a un patrón: arranca bien, se lesiona y pasa a ser residual.

Lo de Gareth Bale con el Real Madrid es el día de la marmota. El galés, una temporada más, le está costando más de un dolor de cabeza a Zidane y al Madrid, un agujero en el bolsillo. Bale es un Ferrari aparcado en el garaje. Es el mejor pagado, su sueldo supone 29M€ de euros a la entidad (su ficha neta de 14,5 millones más impuestos), pero deportivamente es casi un proscrito. Un conflicto que no es nuevo. Salvo la primera temporada de Zidane, cuando llegó al Madrid en enero de 2016, las temporadas de Bale siempre responden a un mismo patrón: arranca entonado, se lesiona, llegan los líos y acaba señalado por el técnico.

Llegada de Zidane

Los primeros días de Zidane y Bale parecían anunciar una relación de vino y rosas. El francés llegó al rescate de un Madrid desnortado en enero de 2016, después de que Florentino Pérez echara mano de él como salvavidas tras el despido de Rafa Benítez, y se encontró con galés en plenitud de forma y compromiso. En los dos primeros partidos de Zizou como técnico blanco, Bale hizo cuatro goles (hat-trick ante el Depor) y dio una asistencia. Pero en el segundo encuentro, contra el Sporting (un tanto y un pase de gol), se lesionó en el sóleo. Este primer contratiempo con Zidane le tuvo siete partidos fuera. Volvió a un nivel óptimo, seis goles en 14 partidos y con guiños a su entrenador: “Espero que Zidane siga mucho tiempo aquí”, declaró Bale el 9 de abril. Siete días después llegó el primer disgusto para el entrenador. Bale acabó con molestias musculares el partido contra el Getafe y aún así se desplazó el día siguiente (concedido como descanso por el técnico) a Cádiz a ver el Open de España de golf y jugar 36 hoyos (dos recorridos completos) en dos exclusivos campos de la provincia, Finca Cortesín y La Reserva. Una escapada que sorprendió primero y molestó después a Zizou cuando supo que el galés se resentía días después de sus molestias se quedaba fuera de la lista para el vital partido liguero frente al Villarreal. El marsellés, recién llegado, toreó el asunto y siguió confiando en Bale que acabó la temporada titularísimo (jugó los 120 minutos de la final de la Undécima frente al Atlético).

Temporada 2016-17

Pero la mosca ya revoloteaba detrás de la oreja de Zidane y la relación con el galés comenzó a sufrir una importante erosión a partir de la siguiente campaña. Desde entonces, cada año es un calco. Bale comenzó enchufado en la 2016-17. Titular en los tres primeros partidos de la temporada, aportó dos goles y dos asistencias. Pero pronto comenzaron los problemas físicos. El 14 de septiembre de 2016 se enfrentó al Sporting de Portugal y tuvo que retirarse en el minuto 67 con un golpe en la cadera que le hizo ser baja un partido, contra el Espanyol. Regresó y logró conectarse: jugó 11 partidos, los 11 como titular, cinco tantos y tres asistencias. El punto de inflexión llegó después...

Zidane comenzó a recelar de la actitud de Bale en abril, después de perderse dos partidos por un edema en el sóleo derecho (Sporting y Bayern, en la vuelta de cuartos de la Champions). El futbolista se empeñó en jugar el Clásico a pesar de que los médicos aconsejaban que no acelerara. Sólo duró 35 minutos sobre el campo (el Madrid perdió 2-3). Bale evidenció que no estaba totalmente recuperado de su lesión y se retiró con molestias en el sóleo izquierdo después de pedir el cambio. La lesión fue en la otra pierna, sobrecargada como consecuencia de no apoyar bien el pie derecho por falta de confianza. El empeño del galés, unido a la controvertida gestión de Zidane del caso (siempre que volvía de una lesión relegaba a quien brillaba en su ausencia: Lucas, Asensio, James…), le llevó a recaer (ocho partidos fuera). "Él me dijo que estaba bien", se excusó el técnico. Bale no volvió a jugar hasta la final de la Champions, en su Cardiff natal, donde fue suplente…

Temporada 2017-18

La temporada 2017-18 arrancó después de un primer verano con el nombre de Bale siendo el gran protagonista del mercado de fichajes. Mourinho, técnico por entonces del United, estuvo todo el verano cortejándole hasta que le dio una especie de ultimátum. “No puedo comprarte porque no hablas”, le dijo cuando se encontraron en el túnel de vestuarios antes de un partido en julio. Antes de la Supercopa de Europa hizo un último intento (“Si Bale está en la pierta de salida, pelearé por él”), pero el galés se quedó en el Madrid y su temporada fue prácticamente un calco de la anterior. Arrancó a un nivel notable (tres goles y cuatro asistencias en ocho partidos), pero volvió a caer. Sufrió su enésimo problema en el sóleo y semanas después recayó. Se perdió 14 encuentros por lesión. Después fue una noria y todo se rompió, paradójicamente, el 14 de febrero.

Contra el PSG, en la ida de octavos de la Champions, comenzó a romperse definitivamente la relación entre Zidane y Bale. El francés le dejó en el banquillo en la noche más importante hasta entonces de la temporada y eso molestó al jugador, como reveló su seleccionador. Su pasividad llamó la atención del vestuario. Bale fue captado por las cámaras bostezando en el banquillo. Después, estuvo lento a la hora de quitarse en chándal para entrar al campo. Y, finalmente, no atendió a la llamada de Ramos al final del partido para agradecer el apoyo al Bernabéu. El galés empezó a no disimular sus gestos de desconexión. En Butarque, siendo suplente, llegó a marcharse al vestuario mientras se estaba jugando la primera parte, reaccionó de forma muy tímida al primer gol de Cristiano en el Juventus Stadium y en el descanso de la vuelta contra la Juve, donde fue titular, respondió con una sonrisa cuando el crack portugués, en el descanso, le pidió más agresividad. Zidane le dejó en el banquillo por Lucas Vázquez…

No fue convocado en el siguiente partido, ante el Málaga, y fue suplente ante el Athletic. Bale, entonces, pasó a ser accesorio: suplente en las grandes noches europeas de la pasada temporada como ante el PSG, la ida ante la Juve, contra el Bayern (no jugó ni un minuto), o en la final de la Champions contra el Liverpool, donde salió y alzó la voz. En el campo (marcó dos golazos) y fuera de él, con un uñtimatum al club: “Necesito seguir jugando y eso no ha pasado esta temporada. Ahora necesito sentarme con mi representante este verano para tomar una decisión”. Al final el que se marcó, inesperadamente, fue Zidane…

Adiós de Zidane, retorno y... la vida sigue igual

El alivio le duró a Bale nueve meses, los que tardó Zidane en volver. El técnico regresó con ideas fijas para el futuro y una de las que tenía mas claras era que en su próximo Madrid no contaría con el galés. Para intentar hacer caja con él, Zizou le comenzó a dar espacio en el once, pero acabó de nuevo harto de sus naufragios. Le dejó sin minutos en los tres últimos partidos (Villarreal, Real Sociedad y Betis) después de volver a defraudar contra el Rayo y de protagonizar una nueva polémica (no regresó en el autobús con el resto de sus compañeros). "Lo que he hecho este fin de semana con Bale está claro", manifestó el francés después de la derrota en Anoeta (3-1). La historia que viene después es conocida.

En la pasada pretemporada, Zidane contaba con la salida del galés ("Si se va mañana, mejor”), pero al final tuvo que tragarse el sapo y tenerle en la plantilla. Intentó hacer borrón y cuenta nueva y, en un primer momento, parecía que la situación podía reconducirse. En los tres primeros partidos, el de Cardiff dio una asistencia en el triunfo en Vigo (1-3) y rescató al Madrid con un doblete contra el Villarreal (2-2), pero… Día de la marmota: lesiones, líos y Bale, al banquillo. Poco a poco, lo que parecía un problema que se estaba resolviendo, dio un giro. Una acertada medida de Zidane (no le convocó para el primer encuentro del Madrid en Champions en el primer encuentro de los blancos en el Bernabéu en esta competición ante el Brujas para darle descanso) molestó a Bale. Llegó tarde al estadio: el partido empezaba a las 18:55 y él accedió a las 18:59. Ese mismo mes de octubre se marchó con su selección y volvió lesionado. No jugó en un mes y se volvió a marchar con la selección galesa. Allí y tras clasificarse para jugar la fase final de la Eurocopa 2020, volvió a protagonizar una polémica: Bale saltaba de felicidad con una pancarta que ponía "Wales. Golf. Madrid. In that order Gales" ("Golf. Madrid. En ese orden"), algo que enervó al madridismo, que le dedicó una fuerte pitada en el siguiente partido que jugó en el Bernabéu, ante la Real (3-1).

Sus visitas a la enfermería han seguido goteando (no viajó a jugar la Supercopa por una gripe y después se lesionó el tobillo) y en el tramo final de la temporada volvió a convertirse en elemento residual. Zidane no cuenta con Bale. Ni le hizo jugar el último Clásico y ante el City sólo le dio 15 minutos. Tampoco le ve como revulsivo: en la derrota del Villamarín (2-1), antes del parón, ni siquiera le mandó a calentar. Y ahora, nuevamente, vuelve a estar en el mercado aunque pondrá casa su salida. El día de la marmota.