CICLISMO | TOUR DE FRANCIA

Se cumplen 35 años del quinto y último Tour de Hinault

El 21 de julio de 1985, Bernard Hinault logró su quinta y última victoria en la "grande boucle", la última del pelotón galo hasta nuestros días.

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Se cumplen 35 años del quinto y último Tour de Hinault
- AFP

Mientras el ciclismo espera la reanudación de la temporada, el palmarés del Tour recuerda que este martes se cumplen 35 años desde que Bernard Hinault, "El Tejón" o "El Caimán", lograra su quinta y última victoria en la "grande boucle" y la última del pelotón galo hasta nuestros días. Hinault (Yffiniac, Bretaña, 65 años) figura en el número 2 de la historia, solo superado por otro depredador histórico del ciclismo, el "Canibal" Eddy Merckx. Dos corredores de hambre voraz de triunfos que han marcado el ciclismo para siempre. En el caso del bretón, se puede decir que aún conserva el "punch", aunque sea a la hora de opinar sobre cuestiones ciclistas, jugando siempre al ataque, sin cortapisas.

Su legado sigue siendo una referencia y el gran reto para los ciclistas franceses, que ven con angustia cómo nadie ha relevado a Hinault en el libro de oro del Tour. Julian Alaphilippe, Thibaut Pinot, Romain Bardet y Warren Barguil abanderan el grupo de candidatos, pero ninguno de ellos es favorito al Tour, por lo que la sequía amenaza para unos cuantos años más.

EL TEJÓN, O EL CAIMAN, MORDIÓ 10 GRANDES

A Hinault le gustaría que un compatriota subiera a los más alto del podio de París. "Sí, claro que me encantaría. Pese a que a la gente dejara de recordarme". Lo dice el mejor ciclista francés de la historia, autor de 10 hazañas en las grandes: 5 Tours (1978, 79, 81, 82 y 85), 3 Giros /80,82 y 85) y 2 Vueltas (78 y 83) También triunfador en clásicas como la París Roubaix, Amstel Gold Race, Flecha Valona, Lieja, Lombardía y campeón Mundial en el 80, su carácter le definió como corredor dentro y fuera de la carretera. Un hombre como los demás ante el sufrimiento, pero enemigo acérrimo de la derrota.

El "Blaireau" (Tejón) llegó a explicar su apodo. Admite que tuvo los mismos comportamientos que ese animal. "Cuando se me molesta, me meto en mi agujero. Pero cuando salgo, muerdo". Pero aquel "animal" del ciclismo también se convertía a menudo en un caimán, por su agresividad y reacciones devastadoras que podían devorar a cualquier rival ante el menor descuido.

Inevitable la comparación con Eddy Merckx, el "Canibal". Para el belga ganar era una obsesión, su único estímulo para salir a la carretera; para el francés mandaba el orgullo, era un tema personal.

1985: QUINTO TOUR ANTE SU SUCESOR: GREG LEMOND

Hinault tuvo a la suerte de aliada en aquel 1985. Su compatriota y compañero en la Vie Claire Laurent Fignon, llamado al éxito, se lesionó la rodilla y no le pudo hacer competencia. También emergía un estadounidense llamado Greg Lemond, que ya había sido campeón mundial con 22 años. Hubo peleas por el liderazgo, como en la actualidad. Lemond estaba lanzado y más fuerte que Hinault, quien pagó la factura del cansancio en la última semana tras participar y ganar la maglia rosa en el Giro.

Solo la intervención del patrón del equipo, Bernard Tapie, evitó que el maillot amarillo fuese a parar al joven americano de 24 años por delante de la estrella francesa de 31. Se cumplió la disciplina impuesta en la escuadra gala. El "Tejón" se despedía de los grandes triunfos e igualaba a 5 Tours con Anquetil y Merckx, y daba el testigo a Lemond, que ganó luego 3 títulos.

SIEMPRE GENIO Y FIGURA

El Tour es el Tour, e Hinault siempre fue Hinault. Bajito, pero gigante ante la adversidad y siempre valiente, cuando era corredor y en la actualidad si tiene que opinar sobre cualquier aspecto del ciclismo Sus anécdotas con infinitas. El 12 de marzo de 1984 no tuvo problemas para liarse a puñetazos contra los manifestantes de un astillero que cortaban la carretera en la quinta etapa de la París Niza. Subido en su bici embistió a la marabunta. Se fue al suelo y se fisuró una costilla. Aún se vino arriba, se levantó y le sacudió un puñetazo al primero que se le cruzó. No pudo ganar la carrera, se la llevó el irlandés Sean Kelly.

Preguntado en cierta ocasión por el futuro del ciclismo francés, Hinault atizó con fuerza. "Hay campeones que se acomodan cuando dan el salto a profesionales. Hay que ponerles un cuchillo al cuello para que funcionen. Los franceses entrenan poco, nadie se encarga de ponerles las pilas. Habría que retener parte de su salario y pagarles solo si ganan algo" Respecto al Tour de Flandes dijo que "esa carrera es un circo, y como no soy un payaso, nunca la correré". Tampoco tenía buen concepto de la París Roubaix, que calificó de "prueba de mierda", aunque acudió para demostrar que la podía ganar. Y la ganó.

Tampoco le faltó vanidad a Hinault. "Mientras siga respirando seguiré atacando", incluso una confianza tremenda en sí mismo. "Antes de una carrera duermo como un bebé porque estoy seguro de que al día siguiente conseguiré la victoria". Hinault, ya con 65 años, no esquiva temas actuales o de siempre. Se muestra partidario de suspender el Tour si no se dan las condiciones sanitarias por el coronavirus, señala al colombiano Egan Bernal como el llamado a ser el líder del Ineos y del Tour, de Froome dijo que no merecía ser parte de la leyenda del ciclismo por aquel positivo en la Vuelta que más tarde no se materializó.

Cuando Lance volvió al ciclismo en 2009, le recomendó al americano "quedarse en casa" y proclamó: "Ojalá Contador le dé su merecido". Hinault nunca defrauda. Cuando aparece, ataca. El ciclismo francés carga con el recuerdo de un ciclista de leyenda.