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Los 'pequeños' detalles de unas Finales: de DiVincenzo a Ayton

En una serie que va camino de alargarse, los condicionantes empiezan a tener su efecto. Aparece Holiday, se echa de menos a los que no están...

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Los 'pequeños' detalles de unas Finales: de DiVincenzo a Ayton
Jeff Hanisch USA TODAY Sports

"Bucks in 6, Bucks in 6", terminó coreando el Fiserv Forum tras el tercer partido de las Finales de la NBA. Necesita poco para hacerlo; pero, incluso así, el cántico se podría haber apagado. El mantra forma parte de la cultura de la franquicia. Desde que Brandon Jennings pronosticara, de forma totalmente errónea, dicho resultado para la serie frente a Miami Heat en 2013, la afición buck ha adoptado dichas tres palabras como una seña de identidad, como un griterío con cierto cariz memístico, pero también de esperanza. Una que, como la de Jennings, es irracional y, en muchos casos, sin fundamentos; pero que necesita ser alimentada. 41 puntos, 13 rebotes y 6 asistencias sacian lo suficiente. Giannis Antetokounmpo, este Giannis Antetokounmpo, sacia lo suficiente como para que la esperanza se mantenga viva en Wisconsin. Un 3-0, con casi total seguridad, hubiera supuesto bandera blanca, una diferencia que nunca nadie ha remontado. Llegar al segundo partido en casa con, simplemente, la suficiente entereza como para aceptar el golpe definitivo ante los ojos de la afición propia. Un 2-1... Un 2-1 supone el inicio de una nueva eliminatoria.

Los Suns tienen más recursos que los Bucks. Es un hecho, pero eso, en unas Finales, no es sinónimo total de victoria. Toda serie de playoffs es una vida en sí misma: un inicio y un final, pero con multitud de virajes de por medio que, en la mayoría de casos, no se pueden prever. En este mar descontrolado es donde, hasta el momento, Mike Budenholzer se había ahogado, sin respuestas ante el primer temporal que se le planteaba. Este año es distinto. Milwaukee se rehízo de un 2-0 frente a Brooklyn Nets (con lesiones de por medio, sí) y se repuso, con mucha personalidad, a la lesión de su jugador franquicia en las Finales de Conferencia. Las arengas de Giannis a sus compañeros, la rabia de Bobby Portis, el creerse un mercado pequeño con un gran destino... La franquicia posee una cultura que desconocía y la está haciendo valer. Eso sí: simplemente, ha sobrevivido. Ha conseguido una vida extra ante un rival que está lejos de deshacerse. Phoenix sigue con el botón en propiedad, ese que, en cualquier momento, puede reventar las Finales. Pulsarlo, sin embargo, no será tan sencillo como parecía. Puede que tenga que reformular su planteamiento, pero porque ya tenían una fórmula. Una que funcionaba. A las nuevas preguntas, ahora, buscará nuevas respuestas. Algo que ha hecho, de forma maravillosa, a lo largo de toda la temporada.

De la baja de DiVincenzo...

Todo detalle cuenta. Y, muchas veces, en el momento menos pensado. Fuera de ese núcleo de jugadores indispensable, de las estrellas intocables, hay otro que, muchas veces, es el que decanta las pequeñas batallas, esas que deciden guerras. Bobby Portis es una muestra clara de ello. Tras una temporada regular meritoria, desapareció de la rotación en la serie frente a los Nets. Jugó los dos primeros duelos y, luego, ni un segundo más. Convertido en héroe popular del Fiserv Forum ("Bobby, bobby..."), volvió ante los Hawks, siendo fundamental, y, en el tercer partido frente a los Suns, formó parte del canto a la rebelión. Por sus 11 puntos y 8 rebotes, pero también por su carácter, capaz de trasladar a la masa su feroz personalidad.

Portis es ejemplo paradigmático de una certeza: se utilicen o no, es vital tener todas las piezas disponibles. En muchas obras de teatro, no se puede saltar al escenario sin alguno de los secundarios, pues su papel, aunque ínfimo, dota de sentido a la totalidad. En la temporada en que las ausencias de grandes estrellas lo han cambiado todo, las ausencias de secundarios también pueden hacerlo.

En el primer partido de la serie, Milwaukee echó de menos a Donte DiVincenzo. Sigue y seguirá haciéndolo, pero, en dicho encuentro, fue una evidencia. Los Suns maltrataron a los Bucks en los cambios defensivos, en la contención de un pick and roll que, ya de por sí, es difícil de parar. Si no es el mejor, Chris Paul está cerca de ser el mejor jugador de la historia en este tipo de contextos. Brook López, aunque intentó recordar lo que dicta el libreto de la academia, sufrió en cada ajuste. Y, con él, el propio Portis, P.J. Tucker, Pat Connaughton... nadie se libró. DiVincenzo, ahí, podría haber aportado. Y mucho. Pasando los bloqueos, evitando algún que otro mismatch, etc. Seguramente, no hubiera sido solución; pero sí un poco más de aire para reconducir la situación sobre la marcha. Budenholzer ha rectificado: ahora sale Holiday defendiendo a Paul y no Tucker, ha reducido el número de cambios defensivos... Ha parado la sangría, pero sin poder contar con una alternativa que, en su corta rotación, tendría más peso del aparente: menos minutos para Jeff Teague, menor rol para Connaughton, etc. La baja de Donte ya se conocía; pero, sin esperarlo, ahora es cuando se le echa de menos.

...a la de Saric

Si, contando con ella, la baja de DiVincenzo está teniendo su incidencia... La de Dario Saric, totalmente imprevisible y desafortunada, puede devenir en una de las claves de lo que resta de serie. Como Donte (aunque este era titular), el jugador croata no es un puntal para los Suns, pero sí una pieza con sus funciones y unos minutos asignados. Concretamente, 10,5. Ese era el tiempo que el pívot ingresaba en pista durante los presentes playoffs, con una misión clara: dar descanso a Deandre Ayton. Sin él, Monty Williams se queda prácticamente huérfano de alternativas en el interior, y en el tercer partido se notó.

Además, el propio transcurso del mismo no ayudó. Ayton, que había sumado 12 puntos y 3 rebotes en el primer cuarto, se cargó de faltas a gran velocidad. Con la obligación de gestionar de forma más austera sus minutos, Frank Kaminsky o el small ball eran las únicas opciones. El estadounidense, que, de por sí, ya no cuenta con la confianza de Williams, fracasó de forma estrepitosa y, esta vez, los Bucks también dominaron entre quintetos pequeños. En sus 13 minutos en el encuentro, Kaminsky acumuló un -12 en el +/-, siendo un blanco fácil en defensa y una aportación testimonial en ataque (6+4+2). En suma, la pintura fue una batalla perdida con rotundidad. 54 puntos de Milwaukee por los 40 de Phoenix, 47 rebotes por 36 y... lo más impactante: 20 tantos por 2 en las segundas oportunidades. Si, en el actual contexto, los Bucks pueden sufrir en la defensa del pick and roll, los Suns pueden hacerlo en la zona interior.

Holiday: más ataque, mejor defensa

Era una de las claves de la serie. Holiday y la defensa, la defensa y Holiday; pero también su efervescente aportación en ataque, algo más desconocida, pero necesaria. Bucks y Suns llegaban a las Finales siendo las dos mejores retaguardias de los playoffs, con 105 y 103,3 en el rating respectivamente, y eran los de Arizona quienes estaban haciendo valer sus argumentos. La narrativa, siempre caprichosa, no lo podía dejar más claro: en promedio, los Suns estaban dejando a sus rivales en 108 puntos, la cifra de los Bucks en el segundo partido.

En el tercero, la barrera se rompió: 120. Y no sólo esa. Por primera vez en toda la serie, los Suns bajaron de los 20 puntos en alguno de los cuartos: en el segundo, seguramente, el de mejor baloncesto de Milwaukee en toda la eliminatoria. ¿Cómo? En buena medida, como consecuencia directa del punto anterior, pero también gracias a la mayor aportación de los escuderos de Giannis, que, como había quedado patente en el duelo anterior, no es suficiente cuando se queda solo en la heroicidad. Khris Middleton estuvo algo más acertado, pero, sobre todo, sobresalió Jrue Holiday. Y lo hizo en momentos muy concretos. Cuando los Suns, ya en el tercer parcial, amenazaban con volver al partido (74-70), el base respondió con cuatro triples prácticamente seguidos (90-76). Podía ser el factor X de la eliminatoria y ha quedado claro por qué: puede ser vital en la defensa exterior y un factor sorpresa en la parcela ofensiva. Lo fue, además, en la peor noche de Devin Booker en playoffs. De nuevo, para regocijo de los números, sus 21 puntos finales (su máximo en la serie) se ajustan, casi a la perfección, a la diferencia final en el partido (120-100).

Giannis, cerca del 100%

Escapa de cualquier análisis. Muchas veces, la obviedad es el razonamiento más sesudo. El estado físico de Giannis Antetokounmpo iba a ser fundamental en la eliminatoria y, después de sus dos últimos partidos, queda claro que es muy bueno. En el primero, dejó más dudas. Modificó muchos de sus movimientos naturales, sin abusar del euro step o sacrificando algunas ayudas defensivas; en los restantes, su superioridad física ha sido aplastante, esté en su óptimo o no. Si la temporada pasada Jae Crowder era casi un monstruo con Miami Heat, una pesadilla más con la que irse a la cama, en esta serie, para el griego, Crowder está quedando en juguete. 83+25+10 en la suma de ambos encuentros, situándose al lado de Shaquille O'Neal en la estadística y venciendo a sus propios fantasmas (13 de 17 en tiros libres). "Tenemos que construir un muro, de algún modo, de alguna manera...", advertía Chris Paul tras el partido. Si, pese a la ventaja de los Suns, las 20.000 almas del Fiserv Forum tienen el coraje de cantar el "Bucks in 6, Bucks in 6" es, en gran parte, por él. Es la esperanza de unas Finales que parecían buscar las sentencia, pero que, ahora, parecen condenadas a alargarse. La próxima madrugada (3:00, hora peninsular), la respuesta. Y las de los Suns.