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NBA | DRAFT 2019

Los Celtics apuestan por Tacko Fall, el gigante de 2,31 metros

El equipo de Boston le ha firmado un contrato de un año después de que nadie le eligiese en el draft. Su duelo con Zion en el March Madness le hizo famoso.

Los Celtics apuestan por Tacko Fall, el gigante de 2,31 metros

Duke ya ha colocado a su big three en el top 10 del draft: Zion Williamson fue el obvio número 1 (Pelicans), RJ Barrett el 3 (Knicks) y Cam Reddish, que tuvo una temporada decepcionante, acabó en el 10 (Hawks). Los Blue Devils, pese a reunir un trío de ensueño, cerraron la temporada sin pisar la Final Four. Michigan State les apeó en un partido agónico en el que el karma devolvió a los de Mike Krzyzewski lo que les había dado con sus dos milagrosas victorias anteriores ante Virginia Tech y sobre todo UCF, los Knights de la Universidad de Central Florida, que ganaban por tres (73-76) a falta de 16 segundos, antes de que Zion anotara y forzara una falta (75-76), fallara el tiro libre, Barrett cogiera el rebote y anotara (77-76) y UCF errara dos veces en el último ataque, la segunda en un palmeo que entra en la canasta el 99% de las veces.

En la jugada del 2+1 de Zion se fue eliminado por faltas, y ya no estaba ahí cuando Barrett cogió el rebote de ataque que decidió el partido, Tacko Fall, la gigantesca presencia que había metido a UCF en el torneo, ventilado a VCU en primera ronda (13 puntos, 18 rebotes, 5 tapones) y llevando al límite a la a priori todopoderosa Duke: 15+6+3 para un jugador que en su año senior en los Knights promedió 11,1 puntos, 7,6 rebotes y 2,6 tapones. En los dos últimos años de su ciclo universitario (tiene 23, completó los cuatro) pasó de ser considerado un jugador "demasiado alto para la NBA" a aspirar legítimamente a tener hueco en la liga. En la combine batió récords de altura con zapatillas (2,34, la oficial es 2,31), envergadura (más de 2 metros y medio) y standing reach (básicamente, la altura que se alcanza de pie con los brazos levantados al cielo y sin saltar: 3,18 metros.

Finalmente, Fall no fue drafteado pero acaba de firmar un contrato Exhibit 10 con Boston Celtics. Esta es una figura de contrato no garantizado que permite un acuerdo por un año y que permite a los equipos con afiliado en la G-League covertirlo en un Two-Way contracto (una nueva figura que explicamos en el artículo que puedes leer en este enlace) antes de la Regular Season. 

Básicamente, Tacko Fall se ha ganado la oportunidad NBA que parecía imposible cuando se planteó presentarse al draft hace dos años, en 2017. Desde entonces, y a base de trabajo duro, ha conseguido que su físico se adapte al necesario para la actual NBA.

Hasta 2019 y la explosión de Fall, una de las 40 personas más altas del mundo, UCF llevaba 14 años sin jugar el torneo universitario. Nacido en Dakar (Senegal) en diciembre de 1995 parece, con sus 23 años y sus 231 centímetros, un gigante a contraestilo de la actual NBA: no tira por fuera y desde luego su mayor virtud no es intercambiar posiciones y defender por toda la pista. Básicamente, lo que se pide a los pívots hoy en día. Con perspectiva, y si llega finalmente a la liga, será con diferencia el jugador más alto (2,21 miden Porzingis y Marjanovic) en este momento y desde los también 2,29 de Yao Ming y antes Shawn Bradley. Por delante quedarían solo los 2,31 de Muresan y un Manute Bol cuyo hijo, Bol Bol, llega a los Nuggets (número 44) con 2,18. El caso del gigante chino, un jugador extraordinario mientras el físico le aguantó, tampoco casa bien con las opciones de Fall: ¿es posible que un tipo con esa altura y 141 kilos pueda jugar durante años al ritmo que exige la NBA? Partidos, viajes, noches en hoteles... Fall, un tipo tímido que detesta ser la atracción allá donde va pero que obviamente rara vez pueda evitarlo, machaca sin levantarse del suelo y tiene un 70 (más o menos, es difícil hacer la conversión en ese tamaño) de talla de calzado, comparable solo a cuatro jugadores en la historia de la NBA: Shaquille O'Neal, Dikembe Mutombo, Wil Perdue y Bob Lanier. 

La cuestión, la lógica de la apuesta de los Celtics, es que Fall ha ido evolucionando hasta convertirse en un jugador tremendo, con mucha proyección si se considera que de niño jugaba al fútbol y detestaba un baloncesto que no comenzó a practicar hasta los 16 años. Con buen instinto y no solo tamaño en defensa, es un pívot absolutamente diferencial atrás que en ataque se limita a hacer aquello en lo que está cómodo: en la última temporada en College se movió en un 74% en tiros de campo, superando un récord de la NCAA que estaba en el 67,8% de Steve Johnson en la temporada 1980-81. En sus cuatro años en la universidad solo ha lanzado once tiros en suspensión, en total. En la última no perdió, claro, ni un solo salto inicial. Pero eso es anecdótico: su influencia en los partidos fue drástica y se ganó con su progresión que algunos ojeadores comenzaran a creer que apenas estaba empezando a rascar lo que puede ser un enorme potencial. Nada que ver con, otro caso que juega en su contra, Hasheem Thabeet, el gigante tanzano de 2,21 elegido con el número 2 por los Grizzlies en el draft de 2009 (por delante de James Harden y Stephen Curry, entre otros) y que apenas pudo hacer carrera en la gran liga.

Otra de las cosas que diferencia a Fall, musulmán devoto, es que el baloncesto es ahora el centro de su vida pero no es toda su vida: aplicado estudiantes con excelentes notas, sueña con ser ingeniero electrónico y trabajar para Microsoft o Siemens. En Senegal pasó penurias tras el divorcio de sus padres (su padre se mudó a Ohio) y hubo etapas en las que solo hacía una comida al día. Quizá por ello sigue sin comer mucho y los preparadores de Central Florida se volvían locos buscando fórmulas para que consumiera unas 6.000 calorías al día. Y para crearle planes de entrenamiento específico que le ayudaran con su físico sin riesgo de lesiones que serían probables si, con sus particulares circunstancias, entrenara igual que los demás.

Fall llegó a Estados Unidos con 16 años, rozó la indigencia, esquivó la expulsión del país y acabó en Florida tras pasar por un instituto de Texas, el paso previo a sus años en UCF, con la que se comprometió a pesar de que alguna de las grandes del país habían empezado a llamar a su puerta. Prefiere las matemáticas a la fama, pero ahora le está tocando cargar con una incuestionable cuota mediática. Un ensayo para lo que, pese a los que creen que es demasiado alto (desde luego, en gran medida una paradoja), puede ser una carrera en la NBA. Y si no, siempre tendrá la ciencia.