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El tobillo de Curry: la lesión que puede cambiar la temporada

El tobillo de Curry: la lesión que puede cambiar la temporada

Kyle Terada

USA TODAY Sports

La NBA pone la mirada en el tobillo de Curry (cuatro lesiones en tres meses), el que puso en riesgo incluso su futuro en la liga hace siete años.
Warriors - Raptors, en directo: Finales NBA 2019, en vivo online

El epicentro de la NBA, ahora mismo, es el tobillo derecho de Stephen Curry. La llave de la temporada, la gran incógnita, la variable que puede transformar todas las ecuaciones. Esta noche se enfrentan en Toronto el mejor del Este y el mejor del Oeste: Raptors-Rockets. No sé cuánto gente apostaría ahora porque esa será la Final que tendremos a partir del 31 de mayo. Pero quienes se atrevan a hacerlo, por pocos que sean, serán más que hace cuatro o cinco semanas. No digamos que antes del inicio de la temporada. Es sencillo: los Warriors siguen siendo muy favoritos y LeBron James lleva jugando Finales ininterrumpidamente desde 2011. Pero para que suceda la tormenta perfecta, para que el guion pueda tener escondido un desenlace tan imprevisto, hace falta primero que pasen cosas que están pasando. Sobre todo que los protagonistas (Rockets, Raptors) estén al excelente nivel al que están. También la desgracia de Hayward, los giros copernicanos de los Cavaliers… y el tobillo de Stephen Curry.

Solo cuatro equipos han jugado cuatro Finales de la NBA seguidas en toda la historia: los Celtics dos veces (las diez del tramo 1957-66 y 1984-87), los Lakers del showtime (1982-85) y los Heat de LeBron (2011-2014). Es así de difícil. Los Warriors ficharon a Kevin Durant cuando perdieron la Final 2016. Se hicieron con un anotador generacional que en realidad era mucho más que eso y se hicieron, sobre todo, con una póliza de seguros única: no hay otro equipo que pueda ser campeón si se le quita una de sus grandes estrellas. Los Warriors podrían ganar el anillo sin Curry… pero sería muy difícil. Especialmente con los Rockets en su actual nivel.

El tobillo de Curry volvió a fallar en el partido ante los Spurs, lo que le garantiza estar de baja en los dos próximos, en Portland y MInnesota, una china en el camino hacia el factor cancha en el Oeste (los Rockets les llevan medio partido) en la que nadie piensa en Oakland: porque a estas alturas los Warriors se siente capaces de ganar cualquier serie con o sin ventaja de campo (en las doce que han disputado con Steve Kerr como técnico siempre han ganado al menos un partido a domicilio) y porque, una cosa va unida a la otra, lo que realmente priorizan es llegar con gasolina y la enfermería vacía a las puertas de los playoffs. Por eso están mimando a Iguodala (34 años), por eso cuidan el hombro de Draymond Green… y tiritan cada vez que Curry se lleva la mano al tobillo. Solo cuatro equipos han jugado cuatro Finales seguidas: casi siempre acaban pasando cosas, incluida la extenuación competitiva. Lo acaba de asumir Kerr: “No es realista esperar que ganemos 67 partidos ya, es una locura. Requiere demasiada energía. Los equipos que ya han ganado campeonatos, como nosotros, saben que pueden derrotar a cualquiera en pista contraria”. Precisamente en los dos últimos anillos de cada threepeat, los Bulls de Jordan jugaron la Final sin ventaja de campo (ante Suns y Jazz).

44 millones: de riesgo extremo a chollo histórico

Nada más acabar el partido contra los Spurs, ganado por la póliza de seguros KD, Kerr dijo que le importaba poquísimo el liderato del Oeste y que solo quería tener a sus jugadores sanos. Y Green, que a estas alturas ya saben cuándo un problema de tobillo de Curry tiene mala pinta por todas las veces que les ha tocado vivirlo. Y que este había sido el caso. No hay otro factor que pueda estresar al campeón al nivel de un asunto que ha reaparecido definitivamente y cuando parecía totalmente enterrado.

Porque aunque costaba recordarlo hasta este pasado otoño, el tobillo derecho amenazó la carrera de Stephen Curry e hizo que muchos analistas se llevaran las manos a la cabeza cuando los Warriors le firmaron 44 millones por cuatro años antes de la temporada 2012-13. No mucho después se comenzó a hablar de los Splash Brothers, Curry anotó 11 triples en el Madison Square Garden y los Warriors volvieron a playoffs después de un lustro de ausencia. En primera ronda eliminaron a los Nuggets de un Andre Iguodala que semanas después firmó con ellos, encandilado. Todo estaba en marcha a un año vista de la llegada de Steve Kerr y la implantación del strenght in numbers. Aquel contrato, 4x44, acabó siendo una de las mayores gangas de la historia y la clave para poder sumar a Kevin Durant a un equipo que acababa de firmar el primer 73-9 en Regular Season.

Durante todo ese tramo 2012-17, cinco temporadas, Stephen Curry jugó siempre al menos 78 partidos por curso. Y, ya sabe: dos MVP (el primero unánime de la historia), todos los récords habidos y por haber de triples y, por ahora, dos anillos de campeón. Pero antes todo giraba en torno al tobillo derecho que vuelve a acaparar titulares. Con Curry camino de los 30 años (en menos de una semana: 14 de marzo) y con un contrato de 201 millones de dólares por cinco años… al que nadie discutió un solo centavo.

Pero en el verano de 2012, antes de firmar esa primera extensión después de un contrato rookie de 12,7 millones totales, había pasado por el quirófano y se había recorrido Estados Unidos en busca de una solución para sus tobillos, que acabó siendo la operación… y unas tobilleras Zamst A2-DX que no se ha quitado para jugar desde entonces y que acabaron siendo una especie de amuleto de buena suerte para una franquicia que ahora es un imperio colosal. En diciembre de 2010, en su segunda temporada (número 7 del draft de 2009), sufrió ante los Spurs su primera lesión en el tobillo derecho. Ese curso tuvo siete torceduras más hasta que una vez terminado se operó por primera vez para fortalecer los ligamentos. En la 2011-12, la de los 161 días de lockout, solo jugó 26 de 66 partidos totales: lesión en el primer amistoso de preparación, otra en el segundo partido de la temporada, problemas que se extendieron a los tendones… y la segunda operación. Había pasado de anotar 18,6 puntos como sophomore a 14,7. Casi no podía estar en pista, sus tobillos eran de cristal y muchas franquicias habrían optado por no acometer una renovación que entonces parecía un riesgo extremo.

¿La historia se repite?

Ahora los problemas han reaparecido y ya es innegable: cuatro torceduras desde la primera, el cuatro de diciembre (le hizo perderse once partidos). 10 de enero, 2 de marzo y 8 de marzo: suma 50 partidos de 65 posibles y no se sabe cuánto jugará de los 17 que quedan. Seguro que los dos próximos no, ya que ni siquiera ha viajado con el equipo y se ha quedado en la Bahía con Chelsea Lane, jefa de los preparados físicos del equipo. En el mejor de los casos, se irá a 65 partidos. Pero la cuestión son los playoffs y cuánto y cómo podrá jugar sin que reaparezca el problema en el peor momento, en cualquier apoyo o giro de ese pie derecho.

Porque ese es el gran problema: un deterioro como el del tobillo de Curry requiere tiempo y paciencia, cosas que empezarán a faltar a medida que se acerque abril. El quirófano no es tan necesario en esta articulación como en problemas con los ligamentos de la rodilla o el codo porque normalmente puede curarse con descanso y cuidados… pero si se sigue jugando, cada torcedura hace más probable que vaya a haber otra no mucha después. Y así cada vez y en situaciones más rutinarias: más lesiones y más frecuentes hasta que no queda más remedio que operar para reconstruir los ligamentos. El tobillo, cada vez más dañado, está en riesgo en cualquier carrera, cualquier situación de tiro. Por eso se operó Curry en 2011, ni más ni menos. Entonces, en Charlotte y con el doctor Bob Anderson, recuperó la fortaleza y la estabilidad en su pie derecho gracias a la técnica de Brostrom-Gould, con la que reconstruyó los ligamentos laterales del tobillo.

Curry podría estar, algunos síntomas son similares, en la misma espiral del primer tramo de su carrera, la que amenazó su futuro como jugador de baloncesto profesional. La lesión de diciembre no arrojó resultados preocupantes para los ligamentos, pero la sucesión de esguinces y torceduras posteriores está provocando un desgaste que puede acabar siendo fatal para otras áreas, como los cartílagos de un jugador que, por lo demás, dedica los veranos a entrenar con técnicas casi de ciencia ficción que le permiten, con la ayuda de la genética, poseer uno de los físicos más indescifrables y elásticos de la NBA. Curry es un súper atleta… con un tobillo de cristal. Durante un lustro lo habíamos olvidado y ojalá volvamos a hacerlo. Sería buena señal. Pero ahora mismo toda la NBA tiene la vista puesta en el tobillo derecho del mejor tirador de la historia. Y los Warriors contienen la respiración.